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EQUIDAD EN EDUCACIÓN

agotan en sí mismas: ya no se habla de
proyecto sino de “agenda” educativa.
Por ejemplo, el uso de lenguaje bélico
referido al analfabetismo se ha convertido
en lugar común en nuestro país y en algunos
organismos internacionales33. Así enfocado,
la mira y la culpabilidad del mal estado de
la nación debe atribuírsele a este fardo, a
esta lacra social, y al mal llamado “rezago
educativo”34. Sin embargo, la lucha a la
que convoca el Art. 3° Constitucional se
dirige contra “la ignorancia y sus efectos, las
servidumbres, los fanatismos y los prejuicios”
no contra el analfabetismo y menos contra
los analfabetas.
Al identificar conceptualmente a quien no
sabe descifrar el significado de las letras con
el culpable de la pobreza del país y como
el fardo que hace imposible el desarrollo
económico de México, la ahora “consejera
universal” del Estado mexicano, la OCDE
sostiene que “la alfabetización y el manejo
elemental de los números se define como
el factor más significativo para la reducción
de la pobreza”. ¿Se es pobre porque se es
analfabeto o se es analfabeto por ser pobre?
Cabe reflexionar: el analfabetismo es
resultante complejo de múltiples factores,
desde los conceptuales hasta los más
operativos, incluyendo aspectos culturales,
políticos y particularmente económicos:
el Estado mexicano reserva para fomentar
y realizar las tareas alfabetizadoras: sólo
$ 610.00 (seiscientos diez pesos M.N.) anuales

por posible alfabetizado. Esto que se afirma
del analfabetismo es aplicable a otros
«rezagos».
Por lo demás, las desigualdades sociales
tienden a reproducirse en la escuela: así
mientras la capital de la República acusa
el 69% de eficiencia terminal, algunas
zonas indígenas sólo alcanzan el 16%. Así
podríamos repasar cada uno de los rubros
que el INEGI y la OCDE califican como
rezago educativo y sólo se refieren al rezago
escolar.
Reflexión final
Hace mucho tiempo que se habla en México
del problema de la desigualdad como la
situación clave de la “cuestión social”, pero
en los últimos años -particularmente fuera
del ámbito gubernamental- se ha tomado
conciencia clara de los extremos que
alcanza tal desigualdad, de la amplitud
de miseria y, sobretodo, de la situación
de alienación y depresión -por no decir
opresión- en que vive una gran porción
de nuestros conciudadanos, porción que
incluye a la mayoría de nuestros grupos
indígenas. Más aún, se percibe la propia
responsabilidad de esta situación y tanto
más porque se reconoce que un amplio
sector de la llamada fuerza política está,
de una manera o de otra, ligada a quienes
detentan el poder económico y político en
el México de hoy, sea por su opulencia o por
sus vínculos con las clases explotadoras.

33
Son muy pocos los gobernantes que no utilizan
lenguaje bélico para organizar sus proyectos,
particularmente los educativos o los de corte social.
34

Excelsior 03/03/2011

5° Congreso Nacional de Educación

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