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LUIS G. BENAVIDES ILIZALITURRI
originariamente en el pueblo30”. Nos hemos
olvidado de que al soberano se le educa
y se le reconoce como tal desde antes de
su nacimiento de suerte que se asuma a sí
mismo como soberano; que piense, decida
y actúe soberanamente para que sea
reconocido como soberano por todos. Los
hechos educadores en nuestro país van
por otros rumbos: se considera “educado”
al que es sumiso, al que es “agachado”, al
que “se pone a los pies del otro”, o “a sus
órdenes”. Esto se promueve tanto en la
familia como en la escuela; en los actos de
gobierno y en el dominio de los poderes
fácticos donde priva el poder y el dinero.
Contrario a los mandatos constitucionales,
para pisotear al pueblo, se hacen distingos,
categorías, se “estiman” títulos (de cargos o
de grados académicos31) dejando de lado
los principios de justicia, de igualdad y la
búsqueda de la equidad.
Con estos señalamientos pretendo instar a
reconceptualizar la visión de la equidad en
la educación para asumir que este rezago
–que históricamente hemos generadotiene síntomas, uno de los cuales se
percibe diáfanamente en el rezago escolar
«contra» el cual se han desatado las más
feroces batallas, luchas o combates y, por
consiguiente, derrotas.
Resulta verdaderamente interesante analizar
Pueblo: término desterrado del actual discurso
político, que prefiere el término gente. La diferencia
es sutil pero dramática: el pueblo abarca a todos,
mete el conjunto en la misma bolsa. Gente consagra
la exclusión y, de paso, da cuenta del inexorable
devenir del ciudadano en consumidor. Cf. Clarín.com
16/03/2005
30
Contraviniendo la Constitución en sus Artículos 1,
2, 3, 4, 5,12 entre otros.
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Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación
el lenguaje “bélico” permanentemente
utilizado para la organización de las
acciones por asumir durante los próximos
años.
La metáfora de la guerra para
referirse a asuntos de “política” social resulta
efectivamente pobre en sí misma porque
impide que los problemas sean abordados
con una visión “holística” y analizados
desde el paradigma de la complejidad.
Los
problemas
como
analfabetismo,
abandono escolar, uso de drogas o su
comercio, inseguridad, pobreza, sobrepeso
o desnutrición son abordados como
“enemigos sociales” contra los cuales hay
que luchar, organizar campañas, destruirlos,
aniquilarlos. Los términos bélicos32 “gesta”,
“cruzada”
“campaña”, “lucha”, y las
múltiples acciones emprendidas “anti” se
traducen casi siempre en propuestas de
solución biunívocas que llevan a pensar que
los problemas son unicausales, y por tanto
pueden resolverse atacando esa causa y
así se consigue el efecto deseado. Aunada
a esta concepción, se percibe la urgencia
de la acción para resolver problemas: los
problemas son de tal magnitud y tan obvios
–se afirma- que no requieren de mayor
conceptualización teórica pues ésta sólo
aplazaría las decisiones resolutivas.
De
ahí que se conviertan en acciones que se
Existen múltiples estudios sobre el uso del lenguaje
bélico para “mover” los ánimos en la dirección
deseada.
Esta manipulación ya recomendada
por Maquiavelo en El Príncipe, pero sobretodo en
Del modo di trattare i popoli della Valdichiana
ribellati. coincidente con las propuestas Del Arte
de la Guerra escrito por Lao Tse (老子Laozi: maestro
viejo) constituyen un acervo que ejemplifican cómo
la determinación de un enemigo “social” es una
“estrategia” para legitimarse en el poder. Véanse
los estudios realizados en la Universidad de Berkeley
(www.berkeley.edu) en relación al lenguaje bélico
del presidente Bush.
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