Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf

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dos por la sociedad que asumiría la carga de los hijos, lo que no
quiere decir que habría que quitárselos a sus padres, sino que
no quedarían abandonados en sus manos.
¿Basta con cambiar las leyes, las instituciones, las costum
bres, la opinión y todo el contexto social para que las mujeres y
los hombres sean realmente semejantes? «Las mujeres siempre
serán mujeres», dicen los escépticos; otros videntes profetizan
que despojándolas de su feminidad no se las transformará en
hombres y que se convertirán en monstruos. Es como admitir que
la mujer de nuestros días es una creación de la naturaleza; hay
que repetir una vez más que en la sociedad humana nada es natu
ral y la mujer es uno de tantos productos elaborados por la civili
zación; la intervención ajena en su destino es originaria: si esta
acción estuviera dirigida en otro sentido, el resultado sería muy
diferente. La mujer no se define por sus hormonas, ni por instin
tos misteriosos, sino por la forma en que percibe, a través de las
conciencias ajenas, su cuerpo y su relación con el mundo; el abis
mo que separa a la adolescente del adolescente ha sido agranda
do de forma deliberada desde los primeros momentos de su in
fancia; más adelante ya no es posible impedir que la mujer sea lo
que ha sido hecha y siempre arrastrará tras ella ese pasado; si me
dimos el peso de esta circunstancia, comprenderemos claramen
te que su destino no está fijado para la eternidad. Ciertamente, no
hay que creer que baste modificar su condición económica para
que la mujer se transforme: este factor ha sido y sigue siendo el
factor primordial de su evolución; pero mientras no se hayan pro
ducido las consecuencias morales, sociales, culturales, etc., que
anuncia y que exige, no podrá surgir la mujer nueva; en este mo
mento, no son realidad en ningún sitio, ni en la URSS, ni en Fran
cia o en Estados Unidos; por esta razón, la mujer de hoy está di
vidida entre el pasado y el futuro; aparece con frecuencia como
una «mujer, mujern disfrazada de hombre y no se siente a gusto,
ni en su carne de mujer ni en su ropa masculina. Tiene que cam
biar de piel y cortarse su propia ropa. Sólo lo podrá conseguir
gracias a una evolución colectiva. Ningún educador aislado pue
de modelar en este momento un «ser humano mujern que sea el
homólogo exacto del «ser humano varón»: educada como un mu
chacho, la niña se siente excepcional y así sufre una nueva forma
de especificación. Stendhal lo entendió bien cuando decía: «Hay
que plantar todo el bosque de golpe.» Por el contrario, en una so
ciedad en la que la igualdad de sexos se hubiera hecho realidad
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