Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf

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do; a menudo acepta un término medio que le rebaja y le resulta
incómodo al mismo tiempo. Un hombre de buena voluntad se
sentirá más desgarrado por la situación que la propia mujer: en
cierto sentido, siempre vale más estar del lado de los vencidos;
pero si ella tiene buena voluntad también, incapaz de bastarse a sí
misma, negándose a aplastar al hombre con el peso de su destino,
se debate en una confusión total. En la vida cotidiana encontra
mos abundancia de casos en los que no hay solución satisfactoria
porque se definen por condiciones que no son satisfactorias: un
hombre que está obligado a seguir manteniendo material y moral
mente a una mujer a la que no ama se siente víctima; pero si aban
donara sin recursos a la que ha centrado toda su vida en él, ella se
ria también víctima de una injusticia similar. El problema no está
en uria perversidad individual -y la mala fe comienza cuando
cada uno culpa al otro- sino en una situación contra la que toda
conducta singular es impotente. Las mujeres son «pegajosas», pe
sadas, y se resienten por ello; es porque les corresponde la suerte
de un parásito que chupa la vida a un organismo extraño; si se las
dota de un organismo autónomo, para que puedan luchar contra el
mundo y arrancarle su subsistencia, su dependencia habrá termi. nado, y la del hombre también. Unos y otras se sentirán mejor sin
duda alguna.
Un mundo en el que los hombres y las mujeres sean iguales
es fácil de imaginar, porque es exactamente el que había prometi
do la revolución soviética: las mujeres educadas y formadas exac
tamente como los hombres trabajarían en las mismas condicio
nes2 y por los mismos salarios; la libertad erótica estaría admitida
por las costumbres, pero el acto sexual ya no se consideraría un
«servicio» remunerado; la mujer estaría obligada a ganarse la
vida de otra forma; el matrimonio descansaría en un libre com
promiso que los esposos podrían denunciar cuando quisieran; la
maternidad seria libre, es decir, se permitiría el control de natali
dad y el aborto y se daría a todas las madres y a sus hijos exacta
mente los mismos derechos, independientemente de que ellas es
tuvieran casadas o no; los permisos por maternidad estarían paga-
2 Que se les prohíban algunas profesiones demasiado duras no contradice
este proyecto: entre los mismos hombres cada vez se busca más la adaptación
profesional; sus capacidades físicas e intelectuales limitan sus posibilidades de
elección; lo que se pide en todo caso es que no se defina ninguna frontera de sexo
o de casta.
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