Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf

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caprichosa de las mujeres: hay que hacer constantemente que
sea propicia; el hombre está devorado por el deseo de mostrarse
masculino, importante, superior; finge y quiere que finjan para él;
es también agresivo, inquieto; siente hostilidad hacia las mujeres
porque le dan miedo, y tiene miedo de ellas porque tiene miedo
del personaje con el que se confunde. ¡Cuánto tiempo y cuánta
fuerza desperdicia liquidando, sublimando, transfiriendo comple
jos, hablando de las mujeres, seduciéndolas, teniéndolas! Queda
ría liberado si las liberara, pero es precisamente lo que teme. Y se
obstina en falsedades destinadas a mantener a la mujer sometida
a sus cadenas.
Muchos hombres son conscientes de la estafa que sufre la
mujer. «¡Qué desgracia ser mujer! y, sin embargo, la desgracia de
ser mujer es en el fondo no entender que es una desgracia», dice
Kierkegaard1• Hace tiempo que se trata de disfrazar esa desgracia.
Se ha suprimido, por ejemplo, la tutela: se dan a la mujer «protec
tores», y si están revestidos de los derechos que tenían los anti
guos tutores, es en su propio interés. Prohibir que trabaje, confi
narla en el hogar, es defenderla de ella misma, es garantizar su fe
licidad. Hemos visto con qué velos poéticos se ocultaban las
cargas monótonas que le corresponden: tareas domésticas, mater
nidad; a cambio de su libertad se le ofrecen estos tesoros falaces
de la «feminidad». Balzac describió muy bien esta maniobra
cuando aconsejó al hombre que la tratara como a una esclava con
venciéndola de que era una reina. Menos cínicos, muchos hom
bres se esfuerzan por convencerse ellos mismos de que es real
mente una privilegiada. Hay sociólogos norteamericanos que en
señan seriamente la teoría de las «low-class gaim>, es decir, de los
«beneficios de las castas inferiores». También en Francia se ha
proclamado a menudo -aunque de forma menos científica
que los obreros tenían la suerte de no verse obligados a «figurarn,
y más todavía los vagabundos que pueden vestirse con harapos y
dormir en la acera, placeres prohibidos para el conde de Beau1 In vino veritas. Dice también: «La galantería se dirige -básicamente- a
la mujer y el hecho de que la acepte sin dudarlo se explica por la solicitud de la
naturaleza por el más débil, por el ser desfavorecido para quien la ilusión repre
senta más que una compensación. Sin embargo, esta ilusión le es precisamente
fatal... Sentirse liberada de la miseria gracias a una imaginación, caer en la tram
pa de una imaginación ¿no es una burla más profunda?... La mujer está muy le
jos de estar abandonada, pero en cierto sentido lo está ya que no se puede libe
rar de la ilusión que ha utilizado la naturaleza para consolarla».
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