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EL MOVIMIENTO TOTALITARIO
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dones de élite desprecian, por razones similares, a los afiliados al partido, y,
dentro de las formaciones de élite, una jerarquía similar de desprecio acom
paña a cada nueva formación y evolución109. El resultado de este sistema es
que la credulidad de los simpatizantes hace las mentiras creíbles al mundo
exterior, mientras que, al mismo tiempo, el graduado cinismo de los afiliados
y de las formaciones de élite elimina el peligro de que el jefe se vea forzado
por el peso de su propia propaganda a hacer realidad sus propias declaracio
nes y su fingida respetabilidad. Uno de los principales obstáculos con los que
ha tropezado el mundo al tratar con los sistemas totalitarios ha sido el haber
ignorado este sistema y por ello confiado en que, por una parte, la verdadera
enormidad de las mentiras totalitarias constituiría su ruina y que, por otra,
sería posible tomar al líder su palabra y obligarle a cumpliría, fueran cuales
fueran sus intenciones originales. Desgraciadamente, el sistema totalitario
está inmunizado contra tales consecuencias normales; su ingeniosidad des
cansa precisamente en la eliminación de esa realidad, que, o bien enmascara
al mentiroso, o bien le obliga a hacer real su afirmación.
Aunque los afiliados no creen en las declaraciones formuladas para el con
sumo público, sí creen de la forma más ferviente en los clichés estándar de las
explicaciones ideológicas, en las claves de la historia, pasada y futura, que los
movimientos totalitarios tomaron de las ideologías del siglo X IX y transforma
ron, a través de la organización, en una realidad actuante. Estos elementos
ideológicos en los que las masas han llegado a creer, si bien de forma vaga y abs
tracta, son convertidos en mentiras de hecho de una naturaleza omnicomprensiva (la dominación del mundo por los judíos en lugar de una teoría general
acerca de las razas; la conspiración de Wall Street en lugar de una teoría gene
ral acerca de las clases) e integrados en un esquema general de acción en el que
se supone que solamente lo «moribundo» — las clases moribundas de los países
capitalistas o las naciones decadentes— se alza en el camino del movimiento.
En contraste con las mentiras tácticas del movimiento que cambian literalmen
te de un día para otro, se supone que estas mentiras ideológicas han de ser creí
das como verdades sagradas e intocables. Son rodeadas de un sistema cuidado
samente elaborado de «pruebas» científicas, que no tienen por qué ser convin
centes para los *no totalmente iniciados, pero que todavía atraen a una
vulgarizada sed de conocimiento «demostrando» la inferioridad de los judíos o
la miseria de las personas que viven bajo un sistema capitalista.
Las formaciones de élite se distinguen de los miembros ordinarios del parti
do en el hecho de que no necesitan tales demostraciones y ni siquiera se supone
!0S «El nacionalsocialista desprecia a su conciudadano alemán; el hombre de las SA, a los demás
nacionalsocialistas; el hombre de las SS, al hombre de las SA» {Heiden, op. cit., p. 308).
