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TOTALITARISMO
siempre repetido de ios «criminales» confesos de los partidos bolcheviques.
Los procesos basados en confesiones absurdas se han convertido en parte de
un ritual interiormente muy importante y exteriormente incomprensible.
Pero, sea como fuere la preparación que hayan sufrido sus víctimas, este ri
tual debe su existencia a las confesiones probablemente no fabricadas de la
vieja guardia bolchevique en 1936. Mucho tiempo antes de los procesos de
Moscú, los condenados a muerte escuchaban sus sentencias con gran tran
quilidad, actitud «particularmente dominante entre los miembros de la cheka»103. Mientras el movimiento existe, su forma peculiar de organización ase
gura que al menos las formaciones de élite ya no pueden concebir una vida
fuera de la banda estrechamente unida de hombres que, aunque sean con
denados, todavía se sienten superiores al resto del mundo no iniciado. Y
como el objetivo exclusivo de esta organización ha sido siempre engañar,
combatir y, en definitiva, conquistar al mundo exterior, sus miembros se
sienten satisfechos aunque paguen con sus vidas, con tal de que ello ayude a
engañar de nuevo al m undo104.
Sin embargo, para los fines de la organización de masas, el valor principal
de la estructura organizadora y de los cánones morales de las sociedades
secretas o conspiradoras ni siquiera se basa en las garantías inherentes de per
tenencia y lealtad incondicionales y en la manifestación organizativa de hos
tilidad indiscutida al mundo exterior, sino en su insuperable capacidad para
establecer y salvaguardar el mundo ficticio a través de una mentira consis
tente. Toda la estructura jerárquica de los movimientos totalitarios, desde
los ingenuos compañeros de viaje hasta los miembros del partido, las forma
ciones de élite, el círculo interior del entorno del jefe y el jefe mismo, puede
ser descrita en términos de una mezcla curiosamente variable de credulidad y
cinismo con ios que se espera que cada miembro, según sea su categoría y su
posición en el movimiento, reaccione ante las cambiantes declaraciones m en
tirosas de los jefes y ante la ficción ideológica central e inalterable del movi
miento.
Una mezcla de credulidad y de.cinismo era característica sobresaliente de
la mentalidad del populacho antes de convertirse en fenómeno cotidiano de
las masas. En un' mundo siempre cambiante e incomprensible, las masas
alcanzaron un punto en el que, al mismo tiempo, creían en todo y no creían
103 CiÜga, op. cit, pp. 96-97. También describe cómo en ía década de los veinte incluso los presos
comunes de la cárcel de la G PU en Leningrado, al ser conducidos a la ejecución, iban «sin una pala
bra, sin un grito de rebeldía contra el gobierno que les daba la muerte» (p. 183).
1W Ciliga señala que los miembros condenados del partido «pensaban que el sacrificio de sus vidas
no sería en vano si estas ejecuciones salvaban a la dictadura burocrática en conjunto, s¡ calmaban ai
campesinado rebelde (o más bien si le inducían a error)» (op. cit, p. 87).
