Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf


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TOTALITARISMO

supuestamente han sido constituidas para contrarrestar las acciones de las
sociedades secretas —la sociedad secreta de los judíos o la sociedad conspirado­
ra de los trotskystas. Lo que es notable en la organización totalitaria es más bien
que puedan adoptar tantos recursos organizadores de las sociedades secretas sin
tratar siquiera de mantener en secreto su propio objetivo. Nunca fue un secre­
to que los nazis deseaban conquistar el mundo, deportar a los pueblos «racial­
mente extraños» y exterminar a aquellos de «inferior herencia biológica», ni
que los bolcheviques trabajaban en pro de la revolución mundial. Al contrario,
estos objetivos formaron siempre parte de su propaganda. En otras palabras, los
movimientos totalitarios imitan todo el aparato de las sociedades secretas, pero
lo vacían de lo único que podría excusar, o se supone que podría excusar, sus
métodos, es decir, de la necesidad de salvaguardar un secreto.
En este como en tantos otros aspectos, el nazismo y el bolchevismo llega­
ron al mismo resultado organizativo desde comienzos históricos muy dife­
rentes. Los nazis empezaron con la ficción de una conspiración y se confor­
maron a sí mismos, más o menos conscientemente, según el ejemplo de la
sociedad secreta de los Sabios de Sión, mientras que los bolcheviques proce­
dían de un partido revolucionario cuyo objetivo era la dictadura de un parti­
do, pasaron por una fase en la que el partido se hallaba «enteramente aparte
y por encima de todo» hasta el momento en que el Poíitburó del Partido
estuvo «enteramente aparte de y por encima de todo»96; finalmente, Stalin
impuso sobre esta estructura del partido las rígidas normas totalitarias de su
sector conspirador, y sólo entonces descubrió la necesidad de una ficción cen­
tral para mantener la férrea disciplina de una sociedad secreta bajo las condicio­
nes de una organización de masas. La evolución nazi puede ser más lógica, más
consecuente consigo misma, pero la historia del partido bolchevique ofrece
una mejor ilustración del carácter esencialmente ficticio del totalitarismo, pre­
cisamente porque las ficticias conspiraciones globales contra las que, y según las
que, se había organizado supuestamente la conspiración bolchevique no esta­
ban ideológicamente determinadas. Pasaron de los trotskystas a las 300 familias
y luego a los diferentes «imperialismos», y recientemente al «cosmopolitismo
desarraigado», y se ajustaron a las necesidades de cada momento; sin embargo,
en ningún instante y bajo ninguna de las más variadas circunstancias le fue
posible al bolchevismo operar sin una ficción semejante.
Los medios por los que Stalin trocó la dictadura unipartidista rusa en,un
régimen totalitario, y los partidos comunistas revolucionarios de todo el
mundo en movimientos totalitarios, fueron la liquidación de las facciones, la
abolición de la democracia interna del partido y la transformación de los par- 5
55 Souvarine, op, cit., p. 319, sigue una formulación de Bujarin,