Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf


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EL MOVIMIENTO TOTALITARIO

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do para las organizaciones de masas; sin embargo, ios nazis dieron al menos a
sus miembros el equivalente psicológico del ritual de iniciación de las socie­
dades secretas cuando, en lugar de excluir simplemente de la afiliación a los
judíos, exigieron de sus miembros pruebas de que su ascendencia no era ju­
día y establecieron una complicada maquinaria para arrojar luz sobre la oscu­
ra ascendencia de unos 80 millones de alemanes. Fue, desde luego, una
comedia, e incluso una comedia cara, el hecho de que 80 millones de alema­
nes se lanzaran a la búsqueda de abuelos judíos. Pero todo el mundo salió del
examen con el sentimiento de que pertenecía a un grupo de elegidos que se
alzaba contra una imaginaria multitud de inelegibles. El mismo principio es
confirmado en el movimiento bolchevique a través de las repetidas purgas del
partido, que inspiran en todos los que no están excluidos una reafirmación
de su inclusión.
La semejanza más sorprendente entre las sociedades secretas y los movi­
mientos totalitarios radica quizá en el papel del ritual. Las marchas en la Pla­
za Roja de Moscó son en este aspecto no menos características que las pom­
posas formalidades del Día del Partido en Nuremberg. En el eje del ritual
nazi se hallaba la llamada «bandera de la sangre», y en el centro del ritual bol­
chevique se halla el momificado cadáver de Lenin; ambos introducen en el
ceremonial un intenso elemento de idolatría. Semejante idolatría difícilmen­
te es prueba — como a veces se ha afirmado— de tendencias seudorreligiosas o
seudoheréticas. Los «ídolos» son simples recursos organizadores, familiares al ri­
tual de las sociedades secretas que también acostumbraban a asustar a sus miem­
bros en el sigilo por medio de símbolos aterradores e inspiradores de miedo. Es
obvio que los hombres son mantenidos unidos más seguramente a través de la
experiencia común de un ritual secreto que por la coparticipación del mismo
secreto. El hecho de que el secreto de los movimientos totalitarios está expuesto
a la luz del día no cambia necesariamente la naturaleza de la experiencia95.
Estas semejanzas no son, desde luego, accidentales; no pueden ser expli­
cadas simplemente por el hecho de que tanto Hitler como Stalin hubieran
sido miembros de modernas sociedades secretas antes de convertirse en jefes
totalitarios: Hitler, en el Servicio Secreto de la Reichswehr, y Stalin, en la sec­
ción conspiradora1del partido bolchevique. Son, en cierto grado, el resultado
natural de la ficción conspiradora del totalitarismo, cuyas organizaciones
suponer lo que realmente significaba esta forma particular de propaganda: Un día, no será necesario
ser enemigo nuestro para ser arrastrado al patíbulo; bastará ser judío o, en definitiva, miembro de al­
gún otro pueblo, para ser declarado «racialmente no apto» por alguna Comisión sanitaria. Himmler
creía y afirmaba que todas las SS estaban basadas en el principio «debemos ser honestos, decentes,
leales y camaradas con los miembros de nuestra propia sangre y con nadie más» (op, cit., loe. cit.).
95 Véase Simmel, op. cit., pp. 480-481.