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TOTALITARISMO
la estructura de los movimientos, sin precedente si la comparamos con las de
partidos y facciones, sólo recuerda algunos de los rasgos sobresalientes de las
sociedades secretas91. Las sociedades secretas también constituyen jerarquías
según grados de «iniciación», regulan la vida de sus miembros según una presun
ción secreta y ficticia que hace que todo parezca como otra cosa, adoptan una
estrategia de mentira consistente para engañar a las masas exteriores no ini
ciadas, exigen una obediencia indiscutible a sus miembros, que se mantienen
unidos por la adhesión a un jefe frecuentemente desconocido y siempre mis
terioso, el cual a su vez está rodeado, o se supone que está rodeado, de un
pequeño grupo de iniciados; éstos, a su vez, se hallan rodeados por los semiiniciados, quienes constituyen una «zona amortiguadora» contra el hostil
mundo profano92. Los movimientos totalitarios también comparten con las
sociedades secretas la división dicotòmica del mundo entre los «juramenta
dos hermanos de sangre» y una masa indistinta e indiferenciada de enemigos
jurados93. Esta distinción, basada en la absoluta hostilidad al mundo del
entorno, es muy diferente de la tendencia de los partidos ordinarios a dividir
a las personas entre afiliadas y no afiliadas. Los partidos y las sociedades
abiertas en general considerarán sólo como enemigos suyos a aquellos que
expresamente se les oponen, mientras que siempre ha sido principio de las
sociedades secretas el de que «todo el que no está expresamente incluido se
halla excluido»94. Este principio esotérico parece ser enteramente inapropia
91 El siguiente análisis sigue de cerca a «Sodology o f Secrecy and o f Secret Societies», de Georg Símmel, en The American Journal of Sociologi voi. XI, numero 4, enero de 1906, que constituye el capí
tulo V de su Sociologie, Leipzig, 1908, extractos de la cual han sido traducidos ai inglés por Kurc H.
W olffbajo el título de The Socìology of Georg Simmel, 1950.
92 «Precisamente porque los niveles inferiores de la sociedad constituyen una zona de transición ha
cia el centro real del secreto, es por lo que producen la compresión gradual de la esfera de repulsa en
torno del centro, que permite una protección más segura que la que podría proporcionar una abrup
ta separación entre todo lo que se halla fuera y codo lo que se halla dentro» (ibfd,, p. 489).
93 Las expresiones «hermanos juramentados», «camaradas juramentados», «comunidad juramenta
da», son repetidas ad nausean a través de la literatura nazi, parcialmente en razón de su atractivo para
el romanticismo juvenil, que se hallaba muy difundido en el movimiento de la juventud alemana.
Fue principalmente Hímmler el que utilizó estos términos en un sentido más definido, introducién
dose en la «consigna central» de las SS [«Así estamos en línea y marchamos hacia un distante futuro
siguiendo las leyes inalterables como una orden nacionalsocialista de hombres nórdicos y como una
comunidad juramentada de sus tribus (Sippen)» (véase D ’Áiquen, op. ctt,)}, y Ies dio su significado
concreto de «absoluta hostilidad» contra todos los demás (véase Simmel, op. cit„ p. 489): «Entonces,
cuando la masa de una humanidad de mil a mil quinientos millones [¡sic!] se alce contra nosotros, el
pueblo germánico...». Véase el discurso de Himmler en la reunión de los comandantes generales en
Posen, 4 de octubre de 1943, Nazi Compiracy, IV, 558.
94 Simmel, op. cit., p, 490. Éste, como tantos otros principios, fue adoptado por los nazis tras una
cuidadosa reflexión de las implicaciones de los «Protocolos de los Sabios de Sión». En fecha tan tem
prana como 1922, Hitler dijo: «fLos caballeros de la derecha] nunca han comprendido que no es
necesario ser un enemigo del judío para que uno sea arrastrado un día... al patíbulo,,.; basta con... no
serjudío; eso le garantizará a uno el patíbulo» (Hitlers Speeches, p. 12). En aquella época nadie podía
