Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf


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EL MOVIMIENTO TOTALITARIO

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hablando, la dominación totalitaria trata de restringir exclusivamente ios
métodos de la propaganda a su política exterior o a los sectores del movi­
miento fuera del país con el propósito de proporcionarles un material ade­
cuado. Allí donde el adoctrinamiento totalitario en el interior llega a estar en
conflicto con la línea de propaganda para el consumo en el exterior (lo que
sucedió en Rusia durante la guerra, no cuando Stalin firmó su alianza con
Hitíer, sino cuando la guerra con Hitler le llevó al campo de las democra­
cias), la propaganda es explicada en el interior como una «maniobra táctica
temporal»6. Tanto como sea posible, esta distinción entre la doctrina ideoló­
gica para los iniciados en el movimiento, que ya no necesitan de la propagan­
da, y la pura propaganda para el mundo exterior, queda ya establecida duran­
te la existencia de los movimientos antes de la conquista del poder. l a rela­
ción entre la propaganda y el adoctrinamiento depende normalmente, por
una parte, de las dimensiones de los movimientos y, por otra, de la presión
exterior. Cuanto más pequeño sea un movimiento, más energía gastará en la
propaganda; cuanto mayor sea la presión del mundo exterior sobre los regí­
menes totalitarios — una presión que no puede ser enteramente ignorada, ni
siquiera tras los telones de acero— , más activamente se lanzarán a la propa­
ganda los dictadores. La cuestión esencial es que las necesidades de propaganda
siempre están dictadas por el mundo exterior y que los movimientos en sí no
propagan, sino que adoctrinan. A la inversa, el adoctrinamiento, emparejado
inevitablemente con el terror, aumenta con la fuerza de los movimientos o el
aislamiento de los gobiernos totalitarios y su seguridad ante la intervención
exterior.
La propaganda es, desde luego, parte inevitable de la «guerra psicológica»,
pero el terror lo es más. El terror sigue siendo utilizado por los regímenes tota­
litarios incluso cuando ya han sido logrados sus objetivos psicológicos; su ver­
dal no exhibir nuestro objetivo último ante el mundo entero... Por eso no debe resultar obvio que
[los decretos para el mantenimiento de la paz y del orden en los territorios ocupados] apunten a un
arreglo final. Todas fas medidas necesarias — ejecuciones, desplazamientos— pueden ser y serán rea­
lizadas a pesar de ello». A esto siguió una conversación en la que no se hace ninguna referencia a las
palabras de Hitler y en la que Hitler ya no participó. Obviamente no había sido «comprendido»
{Documento L 221, en el «Centre de Documentation Juive»).
6 Por lo que se refiere a la confianza de Stalin en que Hitler no atacaría Rusia, véase Stalin: Á políti­
cal Biography, de Isaac Deutscher, Nueva York y Londres, 1949, pp. 454 y ss., y especialmente la nota
ai pie de la página 458: «Sólo en 1948 reveló el viceprimer ministro, N. Voznesensky, jefe de la
Comisión Planificadora del Estado, que los planes económicos para el tercer trimestre de 1941 esta­
ban basados en la presunción de que habría paz y que, tras el estallido de fas hostilidades, se elaboró
un nuevo plan, orientado hacia la guerra». La estimación de Deutscher quedó sólidamente confir­
mada por el informe de Jruschov sobre la reacción de Stalin ante el ataque alemán a la Unión Sovié­
tica (véase su «Speech on Stalin» ante el XX Congreso, tal como fue publicado por el Departamento
de Estado, The New York Tunes, 5 de junio de 1956).