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PRIMER MANUSCRITO
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den de la esencia de la propiedad privada. La Economía Polí
tica no nos proporciona ninguna explicación sobre el furnla
mento de la división de trabajo y capital, de capital y tierra.
Cuando determina, por ejemplo, la relación entre beneficio
del capital y salario acepta como fundamento último el inte
rés del capitalista, en otras palabras, parte de aquello que de
bería explicar. Otro tanto ocurre con la competencia, expli
cada siempre por circunstancias externas. En qué medida
estas circunstancias externas y aparentemente casuales son
sólo expresión de un desarrollo necesario, es algo sobre lo
que la Economía Política nada nos dice. Hemos visto cómo
para ella hasta el intercambio mismo aparece como un he
cho ocasional. Las únicas ruedas 20 que la Economía Política
pone en movimiento son la codicia y la guerra entre los codi
ciosos, la competencia.
Justamente porque la Economía Política no comprende la
coherencia del movimiento pudo, por ejemplo, oponer la
teoría de la competencia a la del monopolio, la de la libre
empresa a la de la corporación, la de la división de la tierra a
la del gran latifundio, pues competencia, libertad de empre
sa y división de la tierra fueron comprendidas y estudiadas
sólo como consecuencias casuales, deliberadas e impuestas
por la fuerza del monopolio, la corporación y la propiedad
feudal, y no como sus resultados necesarios, inevitables y
naturales.
Nuestra tarea es ahora, por tanto, la de comprender la co
nexión esencial entre la propiedad privada, la codicia, la se
paración de trabajo, capital y tierra, la de intercambio y
competencia, valor y des.valorización del hombre, monopo
lio y competencia; tenemos que comprender la conexión de
toda esta enajenación con el sistema monetario.
No nos coloquemos, como el economista cuando quiere
explicar algo, en una imaginaria situación primitiva. Tal si
tuación primitiva no explica nada, simplemente traslada la
cuestión a una lejanía nebulosa y grisácea. Supone como he-
