Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf


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SEGUNDA SECCIÓN

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Pues si pensamos una voluntad semejante, aunque una
voluntad que está bajo leyes pudiera aún estar atada a esa ley
por medio de un interés, sin embargo una voluntad que es ella
misma la legisladora más alta no puede en tanto que lo es
depender de interés alguno, pues esa voluntad dependiente
10 necesitaría ella misma todavía de otra ley que restringiese el
interés de su amor propio a la condición de una validez como
ley universal.
El principio de toda voluntad humana como una voluntad
universalmente legisladora a través de todas sus máximas*
con sólo que por otra parte tuviese con él su corrección, sería
15 por tanto muy adecuado como imperativo categórico, ya
que, precisamente por mor de la idea de la legislación
universal, no se funda en un interés, y, así pues, es entre todos
los imperativos posibles el único que puede ser incondicio­
nado; o todavía mejor, dando la vuelta a la proposición: si
hay un imperativo categórico (esto es, una ley para toda
20 voluntad de un ser racional), sólo puede mandar hacer todo
por la máxima de la propia voluntad como una voluntad tal
que a la vez se pudiese tener por objeto a sí misma como
universalmente legisladora, pues sólo entonces el princi­
pio práctico y el imperativo al que ella obedece es incondi­
cionado, porque no puede tener interés alguno como funda­
mento.
Así, nada tiene de extraño, si miramos hacia atrás a todos
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los esfuerzos emprendidos siempre y hasta ahora para encon­
trar el principio de la moralidad, el porqué de que hayan
tenido que fallar en su totalidad. Se veía al hombre atado por
su deber a leyes, pero a nadie se le ocurrió que está sometido
solamente a su legislación propia y sin embargo universal, y
que está atado solamente a obrar en conformidad con su
30 propia voluntad, que es, sin embargo, según el fin natural,
universalmente legisladora. Pues cuando se le pensaba sólo
como sometido a una ley (sea la que sea), ésta tenía que llevar
consigo algún interés como atractivo o coacción, porque no
surgía como ley de su voluntad, sino que ésta era constreñida
por otra cosa, en conformidad con la ley, a obrar de cierto
modo. Pero con esta inferencia, enteramente necesaria, que­
daba irrecuperablemente perdido todo trabajo por encontrar
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* Aquí puedo estar dispensado de aducir ejemplos para la aclaración de este
principio, pues los que aclararon la primera vez el imperativo categórico y su fórmula
pueden todos servir aquí para precisamente el mismo fin.