Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf

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Segunda sección
T r á n s it o d e la f il o s o f ía m o r a l p o p u l a r
A LA METAFÍSICA DE LAS COSTUMBRES
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Si bien hemos extraído hasta ahora nuestro concepto del
deber del uso ordinario de nuestra razón práctica, no hay que
inferir de ello, en modo alguno, que lo hayamos tratado como
un concepto de experiencia. Más bien, si prestamos atención
a la experiencia de la conducta de los hombres, encontramos
quejas frecuentes y, como nosotros mismos admitimos, justas,
de que no se puede aducir ejemplo seguro alguno de la actitud
de obrar por deber puro, de tal manera incluso que, aun
cuando algo pudiera suceder en conformidad con lo que el
deber manda, es sin embargo todavía dudoso si sucede propia
mente por deber y tiene así pues un valor moral. De ahí que en
todo tiempo haya habido filósofos que han negado absoluta
mente la realidad de esta actitud en las acciones humanas y
han adscrito todo al amor propio, más o menos refinado, sin
por eso poner en duda, sin embargo, la corrección del concepto
de moralidad, y más bien han hecho mención con profundo
pesar de la fragilidad e impureza de la naturaleza humana, que
ciertamente es lo bastante noble para hacer de una idea tan
digna de respeto su prescripción, pero a la vez demasiado débil
para cumplirla, y emplea la razón, que debería servirle como
legislación, solamente para procurar el interés de las inclina
ciones, ya sea por separado, ya, en el mejor de los casos, en su
máxima compatibilidad mutua.
En realidad, es absolutamente imposible señalar por expe
riencia con completa certeza un solo caso en el que la máxima
de una acción, conforme por lo demás con el deber, haya
descansado exclusivamente en fundamentos morales y en la
representación del propio deber. Pues, ciertamente, es a veces
el caso que en la más aguda introspección no encontramos
absolutamente nada, aparte del fundamento moral del deber,
