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Villa Gesell, 2021

Según el dictamen del fiscal, los documentos se comprueba son falsos, los dicentes deberían
acreditar identidad, y Costa Suave no tiene ni latitud ni longitud.
El problema del secretario, era entonces a quien notificar y en cual dirección. Una bruma mental
invadió la oficina, para despejarla el caso se cerró y la carpeta se perdió en la pila que ya
desbordaba un armario.
Ofelia le relataba a la hermana la poca atención que le habían prestado al caso, no se
decidieron indagar cuestiones tales como la posible comisión de una estafa por parte de la tal
Vera, un viaje hasta Costa Suave para verificar in situ si allí vivían, y un pedido de los
documentos que tenían antes del cambio y de la propiedad del paraje que dijeron comprar.
Desde adentro del kiosco la hermana sentenció – Bueno, vinieron sin abogados, y así los
trataron. -. Cerró la cortina del local y se fueron las dos, comentando el nuevo fallo fallido.
La distancia es la misma pero el tiempo para regresar es distinto.
Cúcaro desea estirarlo mientras mastica lo sucedido buscando armar una explicación de valor
existencial para sus vecinos.
El marinero quiere apurarlo por la angustia de encontrarse con Pukem, tocarle la cabecita de
fósforo y saber que existe, aunque los documentos del nacimiento sean falsos.
Viajaban con un hato de dudas sobre ciertas existencias, el marinero casi sin abrir la boca,
barboteando dijo –me parece que estaba en la foto, con la gorra blanca-, Cúcaro no inquirió
aclaraciones, acostumbrado a que su sobrino andaba entre murmullos y susurros.
El paraje y las personas parecían estar siempre a la misma distancia, contradiciendo el avanzar
en silencio por la ruta de barro.
Sin embargo era imposible no llegar, entrar al escenario por el oeste, teatralizar la tragedia,
mientras un coro recitaba con voz queda, casi en letanía, la dignidad de la larga marcha, lejos
de enterrarse en la arena o hundirse en el mar, como harían los idólatras de la gravedad.
Si un viajero inquieto camina las playas y se topa con un viejo marinero de frondosa y
descuidada barba blanca, sentado en un bote salvavidas encallado en la duna, no piense en
los restos de un naufragio.
Es vigía de un regreso, delante de esa casa de madera que tiene un pájaro como veleta.
Es proa de la desmentida al fiscal. Allí está Costa Suave. Un punto en la inmensidad.


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