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Villa Gesell, 2021
- Invoco a Os, que es la vida y la inspiración, para que me otorgue el poder de acceder a tu
futuro.
Tomó una caja de madera que exhalaba aromas frutales, miró hacia arriba solicitando
inspiración divina, la inclinó y con un suave movimiento de derecha a izquierda, dejó caer sobre
el paño blanco unas finas tiras de maderas con símbolos tallados.
Eligió tres sin verlas. Entonces bajó la mirada, apartó el resto, las tocó con ambas manos y
comenzó su relato.
- Esta es la runa blanca que anuncia que estás ante el destino verdadero, el que no podrás
evitar. Gyfu es el regalo espiritual que armonizará tu vida, lo recibes de los dioses y lo entregarás
a la persona elegida. Una persona que ya conoces. Ken es el sol, la pasión, el sexo, hay un
encuentro con una mujer que te ayudará a que vos mismo te transformes. Ken y Gyfu juntos,
hablan de una relación que equilibra el cuerpo y el espíritu. Esto es lo que leo.
Nos miramos, cada uno en los ojos del otro. Comprendí que las runas, ahora eran solo una
excusa para volvernos a ver. Y sus ojos, reflejos de esmeraldas, me decían que si.
Salí lleno de luz a la luz del sol. A Juliana la veía nocturnal. Encontramos a su madre, a la mía,
y una mesa donde comer el asado. Estuve alegre y locuaz, desconocido, las tres sonreían, y a
ratos se alborotaban con mis ocurrencias.
Apareció Adela, ahora sin el pañuelo verde en la cabeza, a saludar a Juliana, quien le recordó
que ya conocía a su madre y nos presentó como unos vecinos. Me enteré que también era
maestra en esa escuela. Los cinco cambiamos palabras de circunstancias, y cuando se marchó
besó a las tres y a mí. Fue el primer beso.
En el viaje de regreso Juliana contó que yo había entrado a la carpa de la adivina, ella no,
aunque creía en esas cosas. Curiosas quisieron saber el destino que me había augurado, y les
dije la verdad, un amor ha llegado a mi vida y no se irá. Suspiraron sonrisas.
- Engañadas, fuimos engañadas – gritaba mi madre en esa alharaca tana que hace tiempo no
personificaba.
Solo se equivocaron mamá, solo se equivocaron - susurré para calmarla, y le ofrecí una salida
- o acaso tenían un plan que era secreto porque yo no lo conocía.
Por dignidad no cantó la verdad. Bienvenido el silencio que hizo, siguió amasando, amasar
permite descargar y en este momento era providencial.
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