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Villa Gesell, 2021
El próximo miércoles
La hija de una amiga de mi madre, solícita, se ocupó en invitarme a la quermese que el próximo
sábado se haría en la escuela donde es maestra. Para el convite entonó como solista, pero
contó con la presencia del coro femenino que mudo aguardaba el momento de entrar en apoyo.
Acepté sin vueltas, lo cual fue para ellas una sorpresa, habida cuenta del carácter retraído como bautiza mi madre a los silencios que me envuelven -.
De cierto algo de razón tiene, siento atracción por las predicciones, esos formatos repujados
sin fausto, anticipatorios del destino. Soy un viajero contumaz por un ducto que bauticé
prediducto, donde en una otra física el sonido de mi voz no se transporta, y entonces sin
palabras, solo me queda cavilar en silencio. En un vuelo inquieto, como el del picaflor, curioseo
en mi interior buscando las razones de este fervor, y encuentro dos. Las predicciones me
alertan para que no ande por la vida a tientas, pero aceptarlas es entregarse al fatalismo y me
molesta, por eso la segunda razón es desafiarlas.
He sido invitado a muchas quermeses escolares pero con esta tengo una premonición, el trío
se confabula en darme una alegría, y trabajan, en el sentido que la palabra tiene en la brujería,
para casarme con la joven. Por eso y por el desafío acepté sin remilgos.
También sumó que el sábado mi biorritmo emocional pasará por un día crítico, el de mayor
debilidad. Llevo el karma de un jugador y viajar por la cornisa generando adrenalina es el premio
primero, después pueden venir los otros, o no.
El sábado partimos en el auto que gané en una rifa, y el ceremonial materno le asignó el asiento
de acompañante a Juliana.
El nombre no me gusta pero ella estaba espléndida en el descampado que dejaban su minifalda
y su blusa. Le pregunté si tenía otro nombre, hablamos de los segundos nombres, que si no se
usan, para qué están. Meras caligrafías para el olvido, y a veces para el odio. Me preguntó si
tenía otro nombre. Llegamos.
En la puerta un pizarrón anuncia la kermesse de primavera, y el día es acorde. El sol de la
media mañana arremolina tibieza en los quioscos que rodean la escuela.
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