9 Cuentos cortos PDF.pdf

Vista previa de texto
Villa Gesell, 2021
Y los que escuchan y leen escarbando en esa razón de ser que es la intimidad, los espías,
monitores del poder.
Vislumbro un destino de etiqueta: delirio de persecución. Argucia de los doctores de palabras y
los otros, los de las pastillas, que te encaminan al desfiladero común, sabiduría codificada que
se olvida del hombre con nombre y apellido.
Pero gracias a tu tía Mercedes no me irán de esta casa donde transitan las nostalgias.
Vos sos como las raíces que explotan, barren y crean, aprovechan lluvias, soles y tierra,
primaveras y sombra, luz y otoños, así hasta que madure el fruto.
Los dos estamos en este tiempo en tiempos distintos.
4
La tía Mercedes me avisó que el lunes 14 el abuelo se durmió después de dormirse, usó esas
palabras porque en la familia no se habla de la muerte.
A una semana voy a visitarlo al cementerio que queda allí donde comienza la lomada, por el
camino viejo que corre junto a las vías del ferrocarril, claro que no está su tumba pero yo estoy
aquí y por eso vago entre otras como si quisiera encontrarlo, es el homenaje que puedo darle
a la distancia.
Al regreso cruzo las vías a la altura de la estación, me siento en el banco que está a la sombra
del olivo, y leo en el diario preferido de Mangacha, un aviso atípico que dice:
“Mangacha, éste es el grito de un enamorado, que quiere contarte la razón de ese tiempo de
adjetivos prohibidos. Viajo en el tren que los jueves llega al pueblo que conocés a las once y
veinticinco, esperanzado en que nos choquemos de nuevo en el andén”.
El tren apenas se balancea a pesar de la velocidad que lleva. El vagón tiene esa pulcritud que
aún después de años me deslumbra.
No me muevo de mi asiento, cualquier recorrido, de esos que antes gustoso hacía, hoy son
un peligro, me puedo topar con Mangacha y sería el fin del encanto de encontrarnos por
accidente al bajar al andén, peor aún, siento que como dos desconocidos nos ignoraríamos, y
envueltos cada uno en su destino descenderíamos en estaciones distintas.
Ahora se que extrañar puede ser dulce y calmo, presiento que ella está en algún otro vagón, y
presagia lo mismo, y tampoco camina, y aguarda.
28
