Dialnet BiologiaYCulturaUnaDeconstruccionDesdeElPuntoDeVis 7469559.pdf


Vista previa del archivo PDF dialnet-biologiayculturaunadeconstrucciondesdeelpuntodevis-74695.pdf


Página 1 2 34517

Vista previa de texto


BIOLOGÍA Y CULTURA. UNA DECONSTRUCCIÓN, DESDE UN PUNTO DE VISTA CRISTIANO, DE LA OBRA DE Y. N. HARARI

que se aprecia que carece cuando se descubren las fuentes de donde bebe. Harari
no es ignorante, pero es vehementemente parcial en sus argumentos.
El supuesto fundamental del que parte es de un evolucionismo filosófico,
que no darwinismo científico, que está presente en toda la obra. Afirmaciones
como las que sigue jalonan el texto: “Del mismo modo que las personas no fueron creadas tampoco, según la ciencia de la biología, existe un Creador que las
dote de nada. Solo existe un proceso evolutivo ciego, desprovisto de cualquier
propósito, que conduce al nacimiento de los individuos”.2 Lejos de toda ciencia
afirmar, por su propia naturaleza, nada acerca de la existencia o no de un Creador. La limitación a los procesos naturales hace que la ciencia no pueda dar el
salto, aunque presente indicios, al ámbito sobrenatural. Harari, sin embargo, extiende un paradigma de lo natural groseramente materialista a toda la realidad:
solo existe lo natural siendo lo natural lo material tangible. Ese supuesto le llevará a, por ejemplo, no comprender de manera suficiente la naturaleza del intelecto humano a la hora de construir símbolos que “representan” cosas, pero que no
son materiales. Eso no los convierte en menos reales que aquello que se puede
tocar. Por eso a Harari le cuesta trabajo considerar que un ente ficcional, como
es todo principio hacedor de cultura, que es en lo que consiste el símbolo, tenga
tanta fuerza o más que lo material en la constitución de la historia humana. Su
materialismo le lleva a afirmar: “No hay dioses en el universo, no hay naciones,
no hay dinero, ni derechos humanos, ni leyes, ni justicia fuera de la imaginación
común de los hombres”.3 Y, sin embargo, son esas fuerzas primordiales las que
han movido el principal producto humano y las que distinguen lo humano del
resto de lo evolutivamente formado: la cultura. La revolución cognitiva es la
revolución del símbolo y para eso hace falta un tipo de conciencia que no casa
bien con la evolución exclusivamente biológica. En el segundo punto precisaremos algo más esta afirmación.
Así como en la revolución cognitiva humana Harari no puede comprender
bien la naturaleza del símbolo como fuerza inmaterial motor de la cultura, tampoco puede comprender bajo mecanismos no evolutivos los logros de la revolución neolítica que supuso el fin del nomadismo al hacerse dependiente el ser
humano de la agricultura y la ganadería. ¿Cómo ingresar en un sistema, podría
decirse, que ata al ser humano a la tierra y lo separa de la libertad de ir a donde
quiera? En ese sentido, frente a las engañosas ventajas de una vida nómada que
solo puede echar de menos un romántico inconsciente de su condición socialmente aventajada, el ser humano se ancla a la tierra buscando la seguridad que
no encuentra en otras formas de vida mucho más arriesgadas. Según Harari, lo
que justifica el asentamiento humano es que permite la reproducción humana
más que la forma de vida de los cazadores-recolectores. Dice así:

2
3

HARARI, Sapiens, 128.
HARARI, Sapiens, 41.
- 11 -