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BIOLOGÍA Y CULTURA. UNA DECONSTRUCCIÓN, DESDE UN PUNTO DE VISTA CRISTIANO, DE LA OBRA DE Y. N. HARARI
Es llamativa también la confusión entre laico y laicismo que hay en el libro.
De los valores que le atribuye al laicista me atrevo a decir que todos son perfectamente compatibles con los de cualquier ser humano de buena voluntad,
sea religioso o no. Pero no se da cuenta que enfrenta a la religión real con un
laicismo utópico que no suele darse. Ese laicismo utópico tiene que ver poco
con el real, que tiene derivas fanáticas antirreligiosas muy claras que abogan no
por la convivencia y la pluralidad de las creencias sino por el monopolio de una
creencia atea tan discutible como cualquier otra. La función de la religión no es
solo garantizar el orden social, como Harari sostiene. La función de la religión
es santificar ese orden y a todos los individuos que lo integran. En ese propósito
la religión cristiana no ha sido ajena a la historia y ha profundizado mucho en
conocimiento de la propia humanidad. Ha descubierto las grandezas y miserias
del alma humana y lo ha hecho no para esclavizarla, sino para concederle una
salvación que brota de la verdad y el amor.
Lo anterior es, por lo menos, coherente. En un mundo lleno de contradicciones eso es un valor. Y Harari no hace más que acentuar esas contradicciones.
Después de insistir una y otra vez en que el ser humano no es más que un haz
de emociones que vienen y que van dictadas por un cerebro que no se atiene
a nuestros deseos de sentido, después de negar toda libertad e individualidad,
establece sin tapujos, hacia el final del tercer libro, aquello que se intuía desde los
inicios del primero: “El universo no tiene sentido, y los sentimientos humanos
tampoco tienen sentido alguno. No son parte de un gran relato cósmico: son solo
vibraciones efímeras que aparecen y desaparecen sin propósito concreto. Esta es
la verdad”.19 De esta forma, en su verdad, Harari niega la posibilidad de que el
ser humano reciba el sentido o que lo fabrique de acuerdo con su criterio. ¿Qué
es lo que puede justificar, entonces, la acción humana? Sencillamente se cae en
un nihilismo quietista que clama al cielo y que nos descubre la incoherencia de
Harari con su propio relato: si el ser humano ha creado un sentido compartido universal, como se ha ido fijando en el texto que ha escrito, ¿por qué venir
ahora a negar que ese relato ha traído mucho bien y, al mismo tiempo, mucho
sufrimiento?, ¿tenemos que contentarnos con no hacer nada dejando la responsabilidad del futuro en manos de otros?, ¿son otros los que tienen que eliminar
el sufrimiento y construir el mundo futuro? Y la solución final del historiador
israelí es… aconsejarnos que hagamos meditación. Habiendo sostenido que el
ser humano es, como toda forma de vida, únicamente un algoritmo bioquímico
que no goza ni de libertad ni de individualidad, ahora sugiere que quizás cerebro
y mente no sean lo mismo y que se necesita una metodología doble para alcanzar
un conocimiento completo de la realidad: la científica y la introspectiva.
Tanto nihilismo y separación de la corriente histórica hará que dejemos en
manos de otros, por ejemplo, de la tecnología y la información, el futuro de lo
19 HARARI, 21 lecciones, 329.
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