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Soncillo, un nombre y una historia
y recuerdo de la luz que la corona
alumbrándola de noche en las tinieblas
y recuerdo de la Casa de la Villa
con arcada en la fachada, que en la ausencia
de unos años he pensado muchas veces
no volver jamás a verla.
¡Pero es lástima muy grande
que no sea verdad tanta belleza !
Fue en la Villa de Soncillo
donde vi por vez primera
sudorosas del camino y no rendidas,
con el cuévano en la espalda, mitad cuna,
mitad cesto de la compra de la feria.
Fue en la Villa de Soncillo, al mediodía
y las campanas repicaron en la torre de la Iglesia
un repique destrenzado en armonías
por la Cuca que era entonces campanera ;
las campanas que yo oí tocar a muerto,
las campanas que yo oí tocar a fiesta,
las campanas que yo oí tocar a gloria
por los santos angelitos de la tierra.
Y formaban un concierto nunca oído
las campanas y los carros de acarreo de la hierba,
las campanas sonorosas en los bronces
y los carros quejumbrosos en las ruedas
que se entraban por la plaza de la Villa,
calle arriba, unos tras otros, en hilera
y sobre ellos una moza sonriente
que en el arte de cargar se hizo maestra,
con la cara colorada de amapola
y el pañuelo del color de la azucena.
Fue en la Villa de Soncillo, una mañana,
y el tío Nando picó el dalle y le dio piedra
y partió para Vallaos, el dalle al hombro,
la colodra en la cintura y el pañuelo a la cabeza.
Y sonaban en lo alto de las Rozas
con el eco las canciones y los ecos eran lenguas
que decían : “¡A la siega me voy, madre...”
como dicen en Soncillo las canciones de la siega.
Fue en la Villa de Soncillo y una tarde
de preñados nubarrones de tormenta...
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