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Soncillo, un nombre y una historia

En esa guerra se combatía, sobre todo, por asuntos de vecindad y viejas
rencillas familiares.
Durante varios días me bloqueó un derrumbe en Soncillo, cercano a Vitoria, del
que se hablaba como un pueblo heroico. No era más que una aldea que hizo las veces
de trinchera: los legionarios de este lado, los rojos del otro, y en medio el pueblo, que
recibía palos de los unos y de los otros. Ni siquiera los pobladores sabían decir a qué
bando pertenecía Soncillo y probablemente les importaba un comino.
Cuando caía una bomba sobre el pueblo, acudían a recoger a las víctimas y
volvían a jugar a la pelota en el frontón de la plaza. Era una existencia suspendida
entre la vida y la muerte, típicamente española.
Una noche, el jefe de la Guardia Civil me dijo: “Si quiere presenciar una
ejecución, mañana al amanecer fusilamos a dos milicianos que han robado”.
El lugar de la ejecución era una cantera a 500 metros del pueblo y, dada la hora antes
del alba, los dos condenados, padre e hijo, tiritaban bajo sus pobres ropas. A mitad
del trayecto el jefe de la Guardia Civil se quitó la capa y se la puso sobre los hombros
al más anciano. Después, ya en la cantera, dijo: “Dichosos vosotros que no habéis de
hacer el viaje de vuelta”. Y ordenó abrir fuego.

4. R E C U E R D O S D E U N A G U E R R A

Estos “recuerdos” los he recogido durante el verano de 1999, entrevistando a
las personas que vivieron los acontecimientos. Su edad oscilaba entonces entre los
treinta y los cinco años, siendo la mayoría adolescentes. La entrevista giraba en torno
a los acontecimientos ocurridos en el frente de Soncillo y cómo los vivieron ellos. No
conviene olvidar que estos recuerdos están contados sesenta años después y la
objetividad puede quedar matizada por muchos factores.

Testimonio 1 (30 años). Había soldados repartidos por las casas. A veces
entraban en las casas y cogían lo que querían. los italianos pagaban bien por

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