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Soncillo, un nombre y una historia
A comienzos del siglo XIX, con la reforma fiscal, se pasó a cobrar los impuestos
a las personas físicas. El Estado cobraba directamente a los mercaderes los impuestos
de ferias y mercados, con lo que el pueblo dejó de pagar las alcabalas y derechos
reales al reino. Soncillo las siguió cobrando por cada cabeza vendida y por la zona del
mercado ocupada por cada comerciante.
La manera de cobro era la siguiente. El pueblo sacaba a pública subasta anual
estos derechos de cobro y se pujaban a parte los derechos de alcabalas de las ferias y
de los mercados; los mayores pujantes pagaban al pueblo la cantidad designada en
la subasta y luego ellos cobraban las alcabalas, siendo el importe para ellos.
El mercado estaba dividido en zonas, según los diferentes productos de venta:
frutas, pescado carne, etc Dentro de estas zonas cada mercader tenía asignado ya su
puesto fijo
El ferial también estaba dividido por zonas. La mayor parte estaba
reservada a las vacas; también abundaban los caballos, cerdos y en menor grado las
ovejas y cabras. Los encargados de cobrar alcabalas lo hacían por cabeza vendida.
Hacia 1860 aumenta el número de ferias y desaparecen las dos existentes hasta
entonces (“la una la vispera de la ascensión y la otra la vispera del Corpus de cada un
año”).
Una de las causas que se pueden apuntar es que Villarcayo y Reinosa
celebraban ferias más importantes el día de la Ascensión y el día del Corpus,
repercutiendo negativamente en las ferias de Soncillo, donde iban de víspera por ser
lugar de tránsito entre una y otra población. Aquí se celebraba un gran mercado con
venta de animales, pero las dos ferias acabaron por desaparecer. El pueblo al
quedarse sin ferias fue creando otras nuevas: Año Nuevo, San León, San Marcos, San
Pedro, San Lucas, Santa Veneranda...
Todo este proceso ha ido configurando la ordenación urbana del pueblo, su
forma de vida, su historia y su economía. La larga tradición de las ferias y mercados es
lo que más ha caracterizado a Soncillo.
En Soncillo el lugar más importante siempre fue la plaza, bella y amplia, centro de la
vida y de su actividad mercantil. La llamamos con varios nombres: plaza del mercado,
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