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gratificantes resultaban nuestras celebraciones siempre acompañados de un
grupo numeroso que participaban prontamente! El calificativo de “santa”
fácilmente podíamos comprender que no solo se refería a la persona de
Jesús que realiza aquellos actos tan grandes de nuestra salvación sino
también porque a los que participamos con fe en estos actos nos hacía un
poco más santos.
Comienza el domingo de Ramos y termina el sábado santo.
Conmemoración de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Es el
domingo por antonomasia. El domingo de PASCUA.
Conviene recordar, siquiera someramente, que viene precedida de un
tiempo emblemático y profundamente religioso. También con unas
connotaciones bien conocidas y vividas por los cristianos como es el
tiempo de cuaresma. Tres palabras le constituyen: el ayuno, la oración y la
limosna y todo orientado a nuestra propia conversión. Su primer día es el
miércoles de ceniza. Se celebra con el rito de la imposición de un poco de
ceniza sobre nuestras cabezas a la vez que el sacerdote pronuncia una de las
dos fórmulas: a) acuérdate de que eres polvo y has de volver al polvo y b)
convertíos y creed en el evangelio. Las palabras de la primera formula si no
se entienden bien pueden dar lugar a equivocación, como la parte final de
la persona humana que termina en la nada, como nada es un poquito de
polvo, de ceniza... Nada más lejos de esta comprensión que pudiera darse
frívolamente. Es todo lo contrario. La pedagogía de la Iglesia como madre
y maestra nuestra nos enseña con este símbolo la parte trascendente de la
persona humana que se constituye de cuerpo y de alma. El ser humano
transciende a esta nada de la ceniza con su sentido de inmortalidad que le
ofrece su alma.
Hecha esta aclaración debemos descubrir nuestra autentica grandeza.
Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. “Hagamos al hombre a
nuestra imagen y semejanza” (gen. 1,26) Esta situación de nuestra realidad
se hace esperanza y a la vez compromiso serio de alcanzar ese destino que
es el mismo Dios. En boca de San Agustín: “nos hiciste para Ti e inquieto
está nuestro corazón hasta que descanse en TI.”
Este símbolo tan hermoso no tiene otro sentido que el de una advertencia
de lo que tenemos entre manos, que después de morir alcanzamos la
recompensa. Y ahora a tiempo estamos de estar junto a Dios. Mal
pudiéramos estar con Él en la meta, en el destino, si ahora, en este trozo de
la vida, no estamos con EL en el camino.

El triduo pascual
La Iglesia le ha denominado así a los tres días de la semana que le
constituyen: Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo. Sencillamente
obedece a su carácter espiritual, religioso y sacramental que durante estos
días los creyentes actualizamos los últimos pasos y acciones que el Señor

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