la parroquia de soncillo.pdf

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Durante muchos años el campanero oficial de la parroquia fue la familia
Fernández. El último de la saga, D. Francisco Fernández, que en paz
descanse, murió joven. Y en honor a la verdad se puede decir que lo hacía
muy bien. Era un verdadero artista. Recuerdo los toques de difuntos, con
qué maestría, con qué regularidad, cómo modulaba, regulaba y combinaba
sus golpes. Sus terminaciones daban la impresión de que su sonido
procedía de un instrumento de viento.
En defensa de las campanas: llamadas “las lenguas de metal”
En los pueblos este sonido resulta muy hermoso y gratificante. Lo
acabamos de ver; entrañan en la voz de sí mismas el anuncio y la llamada.
Un acontecimiento importante sucedido al que se debe responder con la
asistencia. Y de una manera general y misteriosa evocando la voz de Dios
que nos invita a la oración.
Pues bien, esto que para la inmensa mayoría nos agrada, aunque parezca
mentira, hay personas que les molesta. Y, por eso, y como apéndice de este
capítulo y a título de curiosidad no puedo por menos de apostillar la
pretensión de un Senador, el señor Usías, apelando en la cámara a la
prohibición del sonido de las campanas. Esto sucedió hace unos años. Lo vi
en la revista “militante”, que un señor de la parroquia me pasó. ¿Qué tendrá
este senador para que le molesten tanto? ¿Acaso son sus oídos tan finos que
los decibelios del ruido no pueden aguantarles? Bien, dejemos de ironías y
vayamos a la realidad. La realidad no debe ser otra; que no encaja con sus
formas de pensar y, claro, hay que suprimirlo. Suena a religiosidad. A
personas sectarias que no tienen fe les debe molestar. No me extraña que
personas como éstas rebajen esta institución de la que se tiene un concepto
muy negativo: de que es algo ineficaz y que contribuye muy poco al
bienestar de los ciudadanos.
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