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Algunos datos de sus vidas: médicos y mártires
Nos pillan demasiado lejos pero ha sido tanta la fe y devoción de las
comunidades cristianas que desde un principio se acercaron a ellos, por lo
que hicieron posible su cercanía y pervivencia en el tiempo, desde su
origen. Poco sabemos del lugar de nacimiento. Para unos fue en la ciudad
de Egea en Cilicia (Asia Menor) Otros en el mismo lugar pero de Arabia y
algún otro en la ciudad de Siria. El tiempo de su martirio está mejor
precisado, en el siglo IV y en tiempos del emperador Diocleciano. La
tradición nos les presenta como hermanos de sangre. Sus nombres
significaban, respectivamente, "adornado y soñador". Eran llamados
Anárguiros, sin dinero. Ejercían la medicina sin cobrar. Su madre Teodora
les educó en la virtud.
De profesión médicos, hoy naturistas, entonces curanderos. El ejercicio
de esta profesión fue tan fructífera que alcanzaron mucho prestigio entre la
gente de su tiempo. No obstante como en ellos no existía la separación
entre FE-VIDA aprovechaban la oportunidad para hablar de Dios y del
evangelio a cuantos enfermos atendían. Todo ello hizo que sus
conciudadanos aceptasen la buena noticia en medio de un ambiente pagano
y ellos se confirmaran en la fe que enseñaban. Prueba de ello es que el
gobernador de Nisia, servidor de aquel desalmado emperador, Diocleciano,
se enteró de la difusión del evangelio y de la religión prohibida por el
imperio que hacían ambos hermanos y decidió acabar con esto.
Llamándoles les invitó, no solo a dejar de propagar la fe del Señor Jesús,
sino a abandonarla ellos mismos. Al ver que se reafirmaban más en el amor
por Cristo les mandó que les echasen al mar y que les quemasen
sucesivamente. Pero de ambos suplicios salieron sanos y salvos.
Murieron decapitados por ser cristianos dando así testimonio con su
vida martirizada de lo que habían predicado y confesado tantas veces con
sus palabras.
En su honor surgieron muchas iglesias y la fe en ellos era manifiesta. Su
culto se expandió con rapidez desde Roma hasta el resto de occidente.
En la plegaria más antigua de la liturgia figuran sus nombres. De sus
vidas nos quedamos simplemente con estos datos. Sin embrago varias
leyendas han llegado hasta nosotros, de algunas personas, que les quisieron
tanto, que al escribirlas dejaron tanto aprecio y cariño que les envolvieron
en una especie de aureola de dioses. No estamos de acuerdo con estas
leyendas, ya que de ser así resultaba fácil ser santo. Es todo lo contrario.
Hemos visto su final.
Cuánto nos hubiera gustado saber el motivo por el que nuestros
antepasados los eligieron. Lo desconocemos, creemos intuir sin embargo,
que estaría relacionado con la guarda de la salud. Tal vez alguna epidemia
o enfermedad que asola al pueblo recién nacido y les deja al descubierto su
impotencia. En esta situación se deciden por ellos, como las personas más

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