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EL ALZAMIENTO NACIONAL
Ruptura moral de los pueblos y pérdidas humanas
Es un capitulo que me ha resultado doloroso escribir. Simplemente
cuando ha salido algo relacionado con esta desgracia lo he despachado con
el olvido. En dos ocasiones con motivo de otras páginas puestas en Internet
he tenido la oportunidad, casi obligada, de hacer alguna referencia a este
acontecimiento, pero pensé, que no era lo más indicado revolver las cosas,
ya que se podían abrir heridas con estos recuerdos tan dramáticos para
todos y pasé por ellos ligeramente. Pero transcurrido algún tiempo y, en
vista de lo que estaba ocurriendo con la famosa ley de la memoria histórica,
desviando toda la tragedia a un solo grupo como responsable de todo mal;
causante de toda destrucción, de dolor y de muertes, no puedo por menos
de vencer mi reticencia para dejar constancia, si bien es cierto, con el mejor
ánimo de reconciliación y de paz; manifestando que los dos grupos
sufrieron mucho, lloraron mucho y que por desgracia desde bastante tiempo
antes, las relaciones humanas resultaban difíciles y dramáticas.
No es de recibo la pretensión y el amparo de justificar la actuación de
una sola parte en detrimento de la otra. No es justo semejante proceder.
Mínimamente lo está exigiendo la ley de compensación para dejar al
descubierto todo aquello que se hizo mal. Hubo muchas causas que
motivaron la contienda.
Reitero que aunque el tema es escabroso y difícil, no por ello, puede ser
impedimento para dejarlo en el olvido. Si bien es cierto los que nacimos
después de aquella contienda, a la hora de su valoración siempre nos
parecerá menor. A pesar de esto, que pudiera ser bueno, no podemos
olvidar los testimonios personales de tantas personas que sufrieron las
consecuencias de una guerra tan atroz. No deja de ser un trocito de nuestra
historia, por cierto, muy oscuro que debe conocerse con toda verdad y no
menos honradez. Y siempre con miras a que sucesos tan desgraciados
como éste: por siempre jamás, no vuelvan a repetirse.
Su recuerdo debe imprimir en el alma de cada uno, la característica de
una vacuna, que imposibilite cualquier otra contienda.
Y es que RE-COR-DAR decía San Agustín nos evoca inmediatamente
algo en nuestro corazón. En nuestro caso. La presencia de una tragedia que
tanto dolor y sufrimiento generó nacido de la falta de convivencia y de
amor. Este recuerdo debiera sembrar la semilla del respeto en las personas
y el reconocimiento de los derechos de todos, sean cualesquiera, siempre
que dignifiquen y ayuden a construir un pueblo más solidario y feliz.
No fue así, ni mucho menos, la trayectoria social de España, después de
haber tropezado tantas veces, seguía cayendo en los mismos errores. Sus
escarmientos quedaban muy lejos. Ahora se volvía a repetir un caldo de
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