Levanta el corazón de las profundidades a las que ha caído.pdf


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algún tipo de acto al que todos querían asistir.
No te vi más. En la sexta parte estaba en el gimnasio y todos se
veían felices. Los abrazos se multiplicaban, los brazos en alto y
los gestos de exaltación. Alguien me pegaba unas palmadas en
el hombro y me impulsaba a celebrar, pero yo seguía aturdido.
El ruido crecía y en un punto culminante del alborozo un tipo
caminaba al centro del patio. Lo reconocía. Nunca supe cómo
se llamaba, pero lo vi muchas veces, y saber quién era me dio a
entender el motivo de la celebración. Entendía que yo no era el
protagonista del sueño y que el único momento en que el foco
estuvo sobre mi fue en la oficina. Y que así como llegó, se fue.
Esta revelación me incomodó y traté de moverme entre el
gentío. Entre tantos conocidos que se comportaban de formas
que me parecían tan inentendibles. Pero no podía y escuchaba
que el tipo este comenzaba a hablar y que alguien, entre la
multitud, le gritaba que se pusiera de pie, como broma porque
era un petiso, por supuesto, y al volver la vista advertido por las
risas generales, escuchaba un ruido profundo que no llegaba a
interrumpir la alegría de ninguno de los que estaban allí, pero sí
les quitaba un resto de color, eliminaba sus límites y, avisando
que se acababa el sueño, los transformaba lentamente en una
nube de gas que en cosa de instantes reconocí como mi casa,
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