Levanta el corazón de las profundidades a las que ha caÃdo.pdf

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diera, era incapaz de devolver siquiera una gota de agua. Otros
lo observaban. Reconocí a Gutiérrez y al gordo Mercado,
jóvenes y hasta vivaces. Preocupados de este asunto
insignificante mientras a su alrededor un montón de personas
se reunían a conversar y caminaban de acá para allá. Me moví a
un lado y por momentos me perdí entre la gente. Se formaban
grupos y recuerdo haber ingresado en uno. Todos usaban
poleras blancas y en un movimiento instantáneo empezaban a
acomodarse en el suelo. Nos sentábamos a esperar que sonara
el timbre.
En la segunda parte ya me había movido a la biblioteca.
Avanzaba por el pasillo siempre oscuro que me llevaba hasta el
portal iluminado de ese pequeñito espacio. Tocaba los bordes
de una puerta tratando de adivinar qué había más allá y pronto
dejaba atrás esta incógnita, impulsado por la fuerza del
inconsciente hacia un par de miradas que me esperaban en la
biblioteca. Asomado en el portal veía a dos mujeres adultas, a
quienes reconocí como colegas de un antiguo trabajo. Estaban
aún jóvenes, a pesar de que en otra dimensión las vi envejecer.
Al percatarse de mi presencia murmuraban algo para sí
mismas, como si pertenecieran a una sola entidad, y luego me
llamaban por mi nombre, en voz alta. Yo hacía como que
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