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Autor: Manuel

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REFLEXIÓN
ASCENSIÓN

SOBRE

LAS

LECTURAS

DE

LA

HECHOS DE LOS APÓSTOLES 1,1-11 Salmo 46,2-3.6-7.8-9 EFESIOS 1,17-23 MATEO 28,16-20

A LAS COMUNIDADES CRISTIANAS DE
SAN CRISTOVO DAS VIÑAS Y SAN LUIS GONZAGA

Un viejo relato de la Ascensión recogido en los Hechos de los Apóstoles
termina con un episodio muy significativo. Los discípulos quedan con la mirada
fija en el cielo donde ha desaparecido el Señor. Entonces se presentan dos
varones vestidos de blanco que les dicen: "Galileos, -¿qué hacéis ahí
plantados mirando al cielo?".
Probablemente, el relato trata de corregir la actitud equivocada de algunos
creyentes. No es el momento de permanecer pasivos mirando al cielo, sino de
comprometernos activamente en la construcción del reino de Dios, con la
esperanza puesta en el Señor, que un día volverá.
A los cristianos se nos ha acusado muchas veces, y con razón, de estar
demasiado atentos al cielo futuro, y poco comprometidos en la tierra presente.
Hoy quizás las cosas han cambiado. No sabría decir si acertamos a
comprometernos más responsablemente en la construcción de un mundo más
humano. Pero, ciertamente, son bastantes los cristianos que están dejando de
mirar al cielo.
Las consecuencias pueden ser graves. Olvidar el cielo no conduce
automáticamente a preocuparse con mayor responsabilidad de la tierra. Ignorar
al Dios que nos espera y nos acompaña hacia la meta final, no da una mayor
eficacia a nuestra acción social y política. No recordar nunca la felicidad a la
que estamos llamados, no aumenta nuestra fuerza para el compromiso diario.
Por otra parte, obsesionados por el logro inmediato de bienestar, atraídos por
pequeñas y variadas esperanzas, atrapados en la rueda del trabajo y el
consumo, quizás necesitamos que alguien nos grite: «Creyentes, qué hacéis en
la tierra sin mirar nunca al cielo?».
Las personas hemos acortado demasiado el horizonte de nuestra vida. Nos
contentamos con esperanzas demasiado pequeñas. Se diría que hemos
perdido el horizonte de lo infinito.
No se trata de elevar nuestra mirada hacia un cielo salido de las manos del
Creador, como un acto de «magia divina», sino de descubrir que Dios es
Alguien, que está llevando a su plenitud todo el deseo de vida y felicidad, que
se encierra en la creación y en la historia de la humanidad.
Creer en el cielo es recordar que los hombres no podemos conseguir todo lo
que andamos buscando. Y, al mismo tiempo, creer que nuestros esfuerzos de
crecimiento y búsqueda de una tierra más humana no se perderán en el vacío.
Porque al final de la vida no nos encontraremos sólo con los logros de nuestro
trabajo, sino con el regalo del amor de Dios.

Hoy, solemnidad de la Ascensión, tiene lugar la LIV (54) Jornada Mundial de
las Comunicaciones Sociales. El trabajo y misión de los profesionales de los
medios de comunicación han de ser, como nos dice el papa Francisco, “para
que puedan contar y grabar en la memoria que la vida se hace historia”, que
han de “tejer historias que construyan, no que destruyan”.
Para los periodistas nuestra cercanía, nuestro reconocimiento y nuestra
gratitud por su trabajo: un servicio esencial en estos momentos de
incertidumbre por la pandemia, aportando luz a través de la objetividad y la
imparcialidad, frente a la oscuridad de tantas falsas noticias, rumores sin
fundamento, o bulos no bien intencionados.
Agradecemos la atención que están prestando a la tarea de Cáritas y a la de
tantas parroquias, con sus sacerdotes, sus voluntarios y sus agentes de
pastoral. En estos meses que estamos sufriendo la pandemia, quizá algunos
templos estuvieran entreabiertos, pero nuestras parroquias han seguido
pendientes de cuantos se acercaban necesitados de ayudas materiales o
espirituales.
Jesús nos ha dicho: «Sabed que yo estaré con vosotros todos los días, hasta el
fin del mundo». Y esta es la fe que ha animado a las comunidades cristianas,
desde sus comienzos. No estamos solos, perdidos en medio de la historia,
abandonados a nuestras propias fuerzas y a nuestro pecado. Él está con
nosotros.
En momentos como los que estamos viviendo, hoy los creyentes podemos caer
en lamentaciones, desalientos y derrotismo. Se diría que hemos olvidado algo
que necesitamos urgentemente recordar: Él está con nosotros.
Jesús no es un personaje del pasado, un difunto a quien se venera y da culto,
sino alguien vivo, que anima, vivifica y llena con su espíritu a la comunidad
creyente.
Cuando dos o tres creyentes se reúnen en su nombre, allí está Él en medio de
ellos. Los encuentros de los creyentes no son asambleas vacías de hombres
huérfanos, que tratan de alentarse unos a otros. En medio de ellos está el
resucitado, con su aliento y fuerza dinamizadora. Olvidarlo es arriesgarnos a
debilitar de raíz nuestra esperanza.
Pero, todavía hay algo más. Cuando nos encontramos con un hombre
necesitado, despreciado y abandonado, nos estamos encontrando con Aquel
que quiso solidarizarse con ellos de manera radical.
Por eso, nuestra adhesión actual a Cristo en ningún lugar se verifica mejor que
en la ayuda y solidaridad con el necesitado. "Cuanto hicisteis a uno de estos
pequeños me lo hicisteis a mí".


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