Xenofeminismo Una poliÌtica por la alienacioÌn Laboria Cubonicks AmigaRara .pdf

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CERO
ZERO
biles. En lugar de fingir que estos riesgos
no existen, XF aboga por el necesario ensamblaje de interconexiones tecno-políticas
que respondan a estos riesgos. La tecnología no es inherentemente progresista. Sus
usos están fusionados con la cultura en un
circuito de retroalimentación positiva que
hace que la secuencia lineal, predicción y
precaución absoluta sean imposibles. La innovación tecnocientífica debe enlazarse con
un pensamiento teórico y político colectivo
en el que mujeres, queers, y disidentes de
género jueguen un rol singular.
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El poder emancipatorio real de la tecnología permanece inconcreto. Alimentado por el
mercado, su rápido crecimiento es cancelado
por un entumecimiento y su elegante innovación se somete al comprador, cuyo mundo estancado decora. Por encima del ruido
de software obsoleto del mercado, la tarea
principal consiste en diseñar tecnologías
para combatir el acceso desigual a las herramientas reproductivas y farmacológicas,
el cataclismo medioambiental, la inestabilidad económica, así como las peligrosas
formas de trabajo no remunerado o precario.
La desigualdad de género aún caracteriza
los campos en los que nuestras tecnologías
son concebidas, construidas y legisladas,
mientras que las mujeres trabajadoras de la
electrónica (por nombrar sólo una industria)
llevan a cabo los trabajos más monótonos,
debilitantes y peor pagados. Tal injusticia
exige una reforma estructural, mecánica e
ideológica.
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abuse, and exploitation of the weak.
Rather than pretending to risk nothing,
XF advocates the necessary assembly of
techno-political interfaces responsive
to these risks. Technology isn't inherently progressive. Its uses are fused with culture in a positive feedback
loop that makes linear sequencing, prediction, and absolute caution impossible. Technoscientific innovation must
be linked to a collective theoretical
and political thinking in which women,
queers, and the gender non-conforming
play an unparalleled role.
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The real emancipatory potential of technology remains unrealized. Fed by the
market, its rapid growth is offset by
bloat, and elegant innovation is surrendered to the buyer, whose stagnant world
it decorates. Beyond the noisy clutter
of commodified cruft, the ultimate task
lies in engineering technologies to
combat unequal access to reproductive
and pharmacological tools, environmental cataclysm, economic instability, as
well as dangerous forms of unpaid/underpaid labour. Gender inequality still
characterizes the fields in which our
technologies are conceived, built, and
legislated for, while female workers in
electronics (to name just one industry)
perform some of the worst paid, monotonous and debilitating labour. Such
injustice demands structural, machinic
and ideological correction.
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Xenofeminism is a rationalism. To claim
that reason or rationality is 'by nature' a patriarchal enterprise is to
concede defeat. It is true that the
canonical 'history of thought' is dominated by men, and it is male hands
we see throttling existing institutions
of science and technology. But this is
precisely why feminism must be a rationalism -- because of this miserable
imbalance, and not despite it. There is
no 'feminine' rationality, nor is there
a 'masculine' one. Science is not an
expression but a suspension of gender.
If today it is dominated by masculine
egos, then it is at odds with itself
-- and this contradiction can be leveraged. Reason, like information, wants
to be free, and patriarchy cannot give
it freedom. Rationalism must itself be
a feminism. XF marks the point where
these claims intersect in a two-way dependency. It names reason as an engine
of feminist emancipation, and declares
El xenofeminismo es un racionalismo. Sostener que la razón o la racionalidad es por
‘naturaleza’ una empresa patriarcal es conceder la derrota. Es cierto que la canónica
‘historia del pensamiento’ está dominada
por hombres, y son manos masculinas las que
vemos ahogando las instituciones científicas y tecnológicas existentes. Pero esto es
precisamente por lo que el feminismo debe
ser un racionalismo, por este miserable
desequilibrio, y no a pesar de él. No hay
una racionalidad ‘femenina’, como tampoco
‘masculina’. La ciencia no es una expresión
del género, sino una suspensión del mismo.
Si está dominada hoy por egos masculinos es
porque está en conflicto con sus propios
principios —y esta contradicción puede ser
utilizada. La razón, como la información,
quiere ser libre y el patriarcado no puede
darle esta libertad. El racionalismo debe
de ser un feminismo. XF marca el punto donde estas afirmaciones se intersecan en una
dependencia correlativa. Nombra la razón
como un motor de emancipación feminista y
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