REVISTA NUMERO 10 CANDÃS EN LA MEMORIA junio 2019.pdf

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Hablando con el escultor
Antonio
Rodríguez (Antón)
Si este año do 1930 es un año dé franco júbilo
para el arte asturiano y si como en ningún otro,
se acusaron las firmas ya conocidas con un sinnúmero de valiosos adelantos y aparecieren en el
firmamento estrellas nuevas de primera magnitud, el artista que va a ser objeto de esta trabajo,
Antonio Rodríguez, es, así me atrevo a creerlo, el
más profundamente sincero de todos los escultores jóvenes, y el que mejor expresa en el barro
lo que ve y siente a su alrededor.
Da una sensibilidad extraordinaria, apasionado
de su arte como ningún otro, no dio por ahora
más sazonado rendimiento, influido quizá por
el ambiente escaso del pueblo en que nació y
vive. Su carácter recogido y su excesiva modestia, desparecerán, a buen seguro, envueltos en el
gran remolino de la vida, cuando al Mundo se dé
cuenta de su existencia y le aclame con alborozo,
haciendo sonar intensamente en sus oídos, las
trompetas de la popularidad.
Por eso existe tan grande desarmonía entre su
talento y su carácter. Contrasta extraordinariamente, la gran magnitud del primero, con la escasez del segundo, y su gusto exquisito espiritual,
con el abandono y la completa despreocupación
de su aspecto exterior.
Antonio, apenas leyó libros ni estudió nada.
Todo lo que ahora es y representa, se lo debe a
sí mismo, a su gran alma de artista, que le permita la percepción exacta y admirable do lo más
bello y más refinado, y a su gran talento, gracias
al cual, resuelve, sin tener noción, de lo que es
y significa la dinámica en la escultura, el movimiento y la vida de sus figuras
No le importa, siempre que vivan, que sus personajes sean vulgares o poco nobles. Sin embargo, los rostros de niño, de rasgos más ingenuos,
más alegres y más simpáticos, los ejecuta con
mayor cariño.
Hay en Antonio Rodríguez, un artista de sensibilidad, de fibra, de gran intuición y emotividad,
que debemos recibir con alborozo, prestándole
ayuda y aliento para qué, llevando por delante el
nombre de su tierra, pueda emanciparse totalmente y escribir párrafos gloriosos en la página
del arte asturiano.
Ya, el artista, lejos de las mezquindades inconvenientes de las corporaciones oficiales, puede
contar con una subvención amplia y consciente,
para la adquisición de los necesarios conocimientos, que le permitan lograr una más sazonada y conseguida labor. Don Alfonso Albo, con un
gesto magnánimo, poco frecuente en estos tiempos, puso en esta empresa de ayudar al artista
todos sus entusiasmos, y abrió con brío los grifos
de su caudal, colocándolo todo a disposición
del joven escultor. Con objeto de comprobar
esto personalmente y conocer por medio de una
charla los impulsos e iniaciativas del artista, caí
de plano en la ondulada villa, candasina ondas
en el mar y ondas en la topografía de sus callesvigilado por un sol sin afeitar, que pugnaba por
molestarme con la punta de sus barbas, pinchándome en el cogote, en la espalda, en la medula da
mis huesos.
Al enterarse Antonio del objeto da mi visita
protesta confuso e intenta rehuir toda conversación -Yo no soy nada - dice – yo no represento
nada en la vida. No soy más que un gran aficionado, un modesto principiante de este arte y
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