REVISTA NUMERO 10 CANDÁS EN LA MEMORIA junio 2019.pdf


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LLEVAMOS AÑOS MATANDO LA MAR Y NO SOLO DE
PLASTICOS

Los residuos radiactivos olvidados de la fosa atlántica

Próximas a las costas de Galicia y Asturias se encuentran toneladas de
basura nuclear dentro de bidones cuyo estado actual se desconoce
decaído y podría ser comparable a los niveles de
la radiactividad natural existente en la superficie
de la tierra».
A pesar de ser una zona de altamar sobre la que
no legisla ninguna nación, por cercanía al litoral
gallego y asturiano, España debería ser el país
más preocupado por la situación. Sin embargo,
los organismos consultados de nivel estatal no se
posicionan ni ofrecen información al respecto.
La Subdirección general de Energía nuclear del
Ministerio para la Transición Ecológica señala
al Consejo de Seguridad Nuclear al ser un «organismo independiente y con competencias en
materia de seguridad nuclear», mientras que
de la Dirección General de Sostenibilidad de
la Costa y del Mar no ofrecen respuesta. Desde
Enresa (Empresa Nacional de Residuos Radiactivos), dependiente del Ministerio citado anteriormente, tampoco se pronuncian. El Instituto
Español de Oceanografía (IEO), perteneciente
al Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, tampoco respondió las preguntas de ABC
al considerar este asunto competencia del CSN.
Y el Consejo de Seguridad Nuclear dice que este
tema «está bajo competencia del Ministerio para
la Transición Ecológica».
Aunque la Organización Internacional de Energía Atómica sea un organismo de Naciones
Unidas, la potestad sobre las aguas internacionales, como las de la Fosa Atlántica, recae sobre
la Organización Internacional para las Naciones
Unidas (ONU): «La vigilancia sobre los vertidos
no forma parte de nuestro mandato, tampoco realizamos controles relacionados con los
desechos radiactivos pero podemos ayudar a los
Estados Miembros por encargo», responde un
portavoz de la OIEA.
Sin embargo, el Gobierno de España no cree que
sea necesario controlar los vertidos nucleares de
la zona aunque se desconozca el estado actual

de los mismos. De esta manera quedó reflejado
en una de las respuestas de la Comisión Europea
ante las preguntas del eurodiputado José Blanco
referentes a los vertidos nucleares de la fosa atlántica: «Las autoridades españolas no han planteado
a la Comisión la necesidad de tales estudios».
El vacío legislativo de las aguas internacionales
Que no hubiera ningún tipo de legislación internacional común sobre las aguas internacionales
hasta el Convenio de Londres de 1993 explica
la libertad con la que ciertos países actuaron en
altamar, contaminando con desechos u otros
materiales radiactivos. «Venimos de una cultura en la que hasta hace bien poco se pensaba
que el mar era inmenso, que todo lo depuraba y
podía absorber», explica Eneko Aierbe Sarasola,
coordinador del Área Marina de Ecologistas en
Acción. «Pensábamos que nosotros éramos muy
pequeños y no le podíamos hacer nada al océano,
pero las investigaciones han demostrado que esto
no es así».
El mes que viene la situación puede empezar
a cambiar. En septiembre se inicia la primera
ronda de negociaciones para la creación de la
Constitución de los Océanos. «El hecho de que
Naciones Unidas esté intentando proteger las
aguas internacionales de todos los océanos es un
indicador de que cada vez miramos más al mar»,
afirma Pilar Marcos, coordinadora del Área de
Biodiversidad de Greenpeace España. High Seas
Alliance, una asociación compuesta por más de
37 organizaciones no gubernamentales, explica
en un comunicado que, de aprobarse este tratado
multilateral, las aguas internacionales quedarían
legalmente protegidas y las actividades sobre las
mismas reguladas. Se desarrollará en cuatro sesiones y su finalización tendrá lugar en la primera
mitad del año 2020. Hasta entonces solo queda
esperar.
Fuente Belén García-Pozuelo para ABC
Radiocable.com, eldiario.es

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