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su estandarte con los trece bezantes, que significaban los trece pueblos de aquel subcalifato. La fachada es del 14 con posteriores reformas y añadidos. Sobre la puerta principal descrita lleva la fecha
1461. Las ventanas portan pequeños ají meses sin
columna. Llama la atención una enorme reja que
defiende la ventana contigua al
ángulo noroeste, decorada con
dos graciosas columnas y frontón
triangular. Entre las molduras de
la cornisa se le esta inscripción:
Petrus Avila et María Cordubensis anno MDXLI, y a lo largo del
zócalo este lema vanaglorioso y
en su época muy significativo,
Donde una puerta se cierra, otra
se abre, que tiene por origen el
mandato del emperador Carlos V
a dicho magnate para que cerrase la puerta que, sin su consentimiento, había abierto en la muralla.
El torreón majestuoso de los Marqueses de
Velada, frontero la catedral, tiene un hermoso mirador de hierro de crestería gótica con dos escudos a
los lados de sus jambas. Sus tres ventanas inferiores se defienden con bonitas y fuertes rejas.
El palacio del virrey del Perú Blasco Núñez
Vela, de plateresco estilo, posteriormente de los Duques de la Roca, ha sido acertadamente restaurado
y en él tiene su sede la Audiencia Provincial.
biblioteca, y en su archivo obras y cartas autógrafas
de Santa Teresa.
El torreón de los Guzmanes, macizo y aéreo
a la vez, se franquea por puerta
de arco dovelado de medio punto, encuadrada por gótica moldura, a cuyos lados campean las
armas de Mújicas y Bracamontes. Excepto la torre de sillería, el
resto del caserón es de mampuesto irregular de piedra rojiza.
En este palacio, hoy de los Condes de Crecente, se hospedó Alfonso XII en 1878. Parece ser
que fue la morada de don Iñigo
de la Hoz, abuelo de don Ramiro, el inolvidable personaje de la
novela de Larreta. Frente al torreón, el palacio de Superunda,
hoy del gran pintor Guido Caproti.
En la muralla, mirando al
valle Amblés(6), frente al castillo
de Aunqueospese, el balcón de
Adosado a la muralla, y
doña Guiomar. Allí la pobre enaPalacio de los Marqueses de Velada
en la calle de los Caños, hallase
morada clavaba sus garzos ojael palacio del linaje de en Henao,
zos en el castillo erecto por Nalvide foráneo origen, de los señores de Hainaut en
llos el moro, su loco amador. El castillo, cuentan las
Flandes. En nuestra época una figura señera, el
viejas consejas, fue levantado como un reto al paMarqués de San Juan de Piedras Albas, vivió en el
dre de Guiomar, que prohibía los amores de su reviejo palacio como uno de aquellos severos señotoño con el muslime de ojos de fuego. La fortaleza
res abulense es del tiempo de los Austrias. Canónidebe su nombre al grito de desafío de Nalvillos, langos le visitan, frailes barbados, aristócratas, doctos
zado al progenitor de su dama: aunque os pese, la
varones, forman el mentidero del Marqués. Llegó a
veré.
reunir Piedras Albas docenas de incunables en su
La casa de los del Águila-Estrada, hoy de la
Duquesa de Valencia, ostenta en su sencilla fachada renaciente las armas del adalid Sancho de Estrada el del águila, sobre las cuales en la iglesia de
San Bartolomé iba una humilde inscripción:
El gótico de Alemania
primo del Emperador
que trajo el águila España,
en campo de oro se baña,
siendo negro su color
Hacía esta alusión a su origen de los Duques de Güeldres, Estralen y Zutfen. Su verdadero
apellido era el de Estrada, pero por ser su blasón
un águila de sable, cambiaronlo en del Águila.
Cuadernos de Ayala 76 - OCT/2018
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No era reciente en el XVI el florecimiento de
la nobleza y caballería en Ávila, pues ya en el XII se
formó una aguerrida hueste de 300 armados de a
caballo para defensa de la ciudad, y 200 para los
pueblos de la comarca, premiados con privilegios
por los Reyes Alfonso VI y VII, con objeto de que
mantuvieran a su costa armas, arnés y palafrén.
La nobleza abulense del XVI es la más recia
y auténtica representación de aquella España mística y guerrera que dominaba el mundo. Aquellos señores, caballeros, hidalgos y escuderos, no se paraban en barras al hablar de sus abuelos. El que
menos descendía de algún rey godo, si no de algún emperador romano. Los Bullones, más modestos, se contentaban con provenir del gran Godofredo, Rey de Jerusalén. Sin llegar a tanto, se
reducían los Zimbrón a proceder de los feroces cim-
