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EDITORIAL

N O TA S L E G A L E S A C E R C A D E L A H I P O T É T I C A
R E V O C A C I Ó N D E L O S T Í T U L O S F R A N Q U I S TA S

Vuelven a la actualidad política las Grandezas de España y los Títulos del Reino concedidos,
entre 1948 y 1975, por el Generalísimo Franco como Jefe del Estado, más bien Regente, de una Monarquía votada por la inmensa mayoría del pueblo español en el
referéndum del 6 de julio de 1947.
No fueron muchos, a decir verdad,
porque el Caudillo y su régimen eran
muy cuidadosos a la hora de premiar
a los ciudadanos más preclaros. De
hecho, fueron exactamente 40, como
nos aclaró en las páginas de estos
Cuadernos de Ayala, en el número
41 (enero-marzo de 2010), el erudito
don Rafael Fantoni y Benedí.

A saber: los Ducados de Badajoz, Cádiz, Calvo Sotelo, Carrero
Blanco, Mola y Primo de Rivera (todos ellos con Grandeza); los Marquesados de Alborán, Bilbao Eguía, Casa Cervera,
Dávila (con Grandeza), Kindelán, Queipo de Llano,
Ramón y Cajal, Saliquet, San Leonardo Yagüe, Santa María de la Almudena, Somosierra, Suanzes, Varela de San Fernando, Torroja y Vigón; los Condados del Alcázar de Toledo (con Grandeza), Arruga,
Arteche, Bau, Benjumea, Castillo de la Mota, de la
Cierva, Echeverría de Legazpia, El Abra, Fenosa,
Jarama, Labajos, Maeztu, Martín Moreno, Pallasar y
Pradera; la Baronía de Camporredondo; y la Grandeza unida al Condado de Rodezno; y la Grandeza
sin Título dada a don Fernando Suárez de Tangil y
Angulo.

Notemos que entre esas mercedes no se
cuenta, como mucha gente cree, la del Ducado de
Franco, con su aneja Grandeza de España, ya que
esta no fue otorgada por el Caudillo recién fallecido
entonces, sino por el Rey Don Juan Carlos, con fecha del 26 de noviembre de 1975. La agraciada fue
su hija doña Carmen Franco Polo (1926-2017), porque la hija del dictador tuvo una actuación decisiva
en los primeros días del reinado de Don Juan Carlos, al poner a su disposición y del Gobierno el tes-

tamento político de Franco, en la que se exhortaba
a todos los españoles a ponerse al lado del nuevo
Rey, facilitando así la transición política. Parece obvio que esta señora no participó en ninguna acción
de las que la socialdemocracia imperante considera, con su habitual sectarismo y su habitual realidad paralela, como crímenes franquistas. El
mismo sectarismo y la misma fantasía politically correct que lleva a los
izquierdistas hispanos a defender lo
indefendible en términos históricos:
que la segunda república española
fue un régimen democrático, inocente y virginal.

Este sectarismo es el que ha
movido a algunos sectores de izquierdas –tan demócratas como los
filoetarras vascos de Amaiur-, a solicitar la revocación de todos esos Títulos nobiliarios, a partir de 2015.

Pues bien, el Gobierno presidido por el socialista don Pedro Sánchez, nacido de una moción
de censura el pasado 1º de junio, ha mostrado enseguida un gran interés político en intensificar la
persecución contra los antiguos políticos de la época franquista (muy pocos ya con vida), pero sobre
todo contra los símbolos, recuerdos y memoria de
aquella época, que concluyó hace exactamente 43
años, casi medio siglo. El asunto es, como se ve,
verdaderamente urgente, ya que quita el sueño a la
mayor parte del honrado pueblo español. En fin.

El asunto político está bien claro, pero no lo
está tanto la posibilidad legal de llevar a cabo la revocación que se intenta. La legislación vigente, en
particular el real decreto de 27 de mayo de 1912, no
incluye ningún procedimiento legal para tal acción
revocatoria –más bien abolitoria-.

Notemos, antes de proseguir, que la revocación por S.M. el Rey, en junio de 2015, del Título de
Duquesa de Palma que hasta entonces poseía su
hermana la Infanta Doña Cristina, no sirve de prece-

NUESTRA PORTADA

Grabado que representa un modelo de árbol genealógico de consanguinidad
tomado de una enciclopedia española del siglo XVIII

Cuadernos de Ayala 76 - OCT/2018

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