EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO (1).pdf

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cristianos una peculiar misión de apóstoles, enviándolos como obreros a su viña,
y, de manera especial, a este campo de la familia.
En esta actividad ellos actúan en comunión y colaboración con los restantes
miembros de la Iglesia, que también trabajan en favor de la familia, poniendo a
disposición sus dones y ministerios.
Este apostolado se desarrollará sobre todo dentro de la propia familia, con el
testimonio de la vida vivida conforme a la ley divina en todos sus aspectos, con
la formación cristiana de los hijos, con la ayuda dada para su maduración en la
fe, con la educación en la castidad, con la preparación a la vida, con la vigilancia
para preservarles de los peligros ideológicos y morales por los que a menudo se
ven amenazados, con su gradual y responsable inserción en la comunidad
eclesial y civil, con la asistencia y el consejo en la elección de la vocación, con la
mutua ayuda entre los miembros de la familia para el común crecimiento
humano y cristiano, etc. El apostolado de la familia, por otra parte, se irradiará
con obras de caridad espiritual y material hacia las demás familias,
especialmente a las más necesitadas de ayuda y apoyo, a los pobres, los
enfermos, los ancianos, los minusválidos, los huérfanos, las viudas, los cónyuges
abandonados, las madres solteras y aquellas que en situaciones difíciles sienten
la tentación de deshacerse del fruto de su seno, etc.
Asociaciones de familias para las familias
72. Sin salir del ámbito de la Iglesia, sujeto responsable de la pastoral familiar,
hay que recordar las diversas agrupaciones de fieles, en las que se manifiesta y
se vive de algún modo el misterio de la Iglesia de Cristo. Por consiguiente, se
han de reconocer y valorar —cada una según las características, finalidades,
incidencias y métodos propios— las varias comunidades eclesiales, grupos y
movimientos comprometidos de distintas maneras, por títulos y a niveles
diversos, en la pastoral familiar.
Por este motivo el Sínodo ha reconocido expresamente la aportación de tales
asociaciones de espiritualidad, de formación y de apostolado. Su cometido será
el de suscitar en los fieles un vivo sentido de solidaridad, favorecer una conducta
de vida inspirada en el Evangelio y en la fe de la Iglesia, formar las conciencias
según los valores cristianos y no según los criterios de la opinión pública,
estimular a obras de caridad recíproca y hacia los demás con un espíritu de
apertura, que hace de las familias cristianas una verdadera fuente de luz y un
sano fermento para las demás.
Igualmente es deseable que, con un vivo sentido del bien común, las familias
cristianas se empeñen activamente, a todos los niveles, incluso en asociaciones
no eclesiales. Algunas de estas asociaciones se proponen la preservación, la
transmisión y tutela de los sanos valores éticos y culturales del respectivo
pueblo, el desarrollo de la persona humana, la protección médica, jurídica y
social de la maternidad y de la infancia, la justa promoción de la mujer y la lucha
frente a todo lo que va contra su dignidad, el incremento de la mutua
solidaridad, el conocimiento de los problemas que tienen conexión con la
regulación responsable de la fecundidad, según los métodos naturales conformes
con la dignidad humana y la doctrina de la Iglesia. Otras miran a la construcción
de un mundo más justo y más humano, a la promoción de leyes justas que
