LA PUERTA VEDADA (CUENTOS).pdf

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La puerta vedada
sorpresa. Cerró los ojos con el firme propósito de
sentir que estaba dormida, que era uno de esos sueños
absurdos que vienen a ti cuando menos te lo esperas;
que al despertar serían las siete del día lunes, un buen
baño, y a trabajar. Se reiría de ese sueño tan extraño.
Ya se imaginaba la charla con Estela, la encargada de
relaciones públicas del banco, con su acostumbrada
manera de suponer que siempre tiene la razón –Ya
no uses tanto el chat –seguramente le diría –Te estás
convirtiendo en adicta y tu sueño loco es producto de
tus charlas con el chico de Grecia, con el galán de
Francia, con tu bohemio soñador de Monterrey, que
por cierto dijiste que vendrá muy pronto a verte, ten
cuidado, no des tu dirección a cualquiera. Un día de
estos, pueden causarte mucho daño. Mírame, yo soy
el claro ejemplo. Aprendí la lección demasiado tarde.
Retírate.
Abrió los ojos, repitiéndose la voz de Estela en su
interior “yo soy el claro ejemplo”.
Sin embargo, no se inmutó, su mano diestra oprimió
“maximizar”. Nuevamente apareció el rostro en la
pantalla. Se activó la impresora automáticamente, al
punto que la voz ordenó imprimir, sonó el teléfono.
Nuevamente la voz, esa voz imperativa, hipnótica
indicándole el camino: “–Anda querida responde
a la llamada”. Levantó el auricular, era un tono
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