LA PUERTA VEDADA (CUENTOS).pdf

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Clara del Carmen Guillén
el Skype, al que acababa de entrar, vio que empezó
a formarse otro rostro paralelo al suyo que reflejaba
la cámara. Un rostro, primeramente difuso, después,
nítido: ojos verdes, nariz perfecta, tez blanca, todos
los atributos que le pertenecían: ¡Era semejante a
ella! se reconoció inmediatamente, sorprendida de
verse frente a frente, como ante un espejo. ¡Era su
otro yo que la veía directamente a los ojos, pidiéndole
realizar actos desconocidos, inventados, absurdos!
Tras la pantalla, su doble exigía, continuar un proceso.
Sin explicación, puesto que no maniobró para nada el
aparato, se activaron las bocinas y la voz fue más
definitiva:
–¿Puedes apurarte, querida? –dijo la voz con una
dulzura similar a la de su madre, en aquellos tiempos
de infancia. Era una orden que acatar, de acuerdo a las
enseñanzas de la familia, aunque considerando que
no había qué confiar demasiado ni hablar de buenas
a primeras con cualquier persona. Pero no estaba
hablando con alguien desconocido sino con su otro
yo. Extrañamente no tenía miedo. Nada fuera de lo
común estaba realizando. Todo mundo usa internet.
Se dijo.
El rostro exigía amablemente: –¡Hazlo querida!
oprime enter ¡vamos! será divertido el juego.
Minimizó la acción. Mientras se recobraba de la
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