LA PUERTA VEDADA (CUENTOS).pdf

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Clara del Carmen Guillén
idéntico al suyo; extraordinariamente adivinaba lo
que respondería cuando le preguntó quién era, qué
deseaba, por qué estaba ahí. –Deseo ir a tu mundo,
–dijo la voz –y sólo puedo salir a través de la
impresora, anda, actívala.
Obedeció como autómata y no supo más, cayó
inconsciente.
Cuando recobró el sentido vio a la mujer meterse
a la cama mientras ella quedaba del otro lado de la
pantalla, en su nuevo mundo virtual, escuchando la
voz de Estela que parecía tomar vida para decirle:
–Yo soy el claro ejemplo.
Era domingo por la noche y estaba sola...sola...sola
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