LA PUERTA VEDADA (CUENTOS).pdf

Vista previa de texto
Clara del Carmen Guillén
del sábado, exactamente a las doce, vas a sahumar
tu casa. Pero para que dé resultado, yo tengo que
estar aquí, porque mientras tú cortas el copal, voy a
rezar para que entre el buen espíritu. –Pero por las
noches está muy oscuro ¿Qué no es lo mismo por la
mañana? –No, el secreto, es que tiene que ser por la
noche, y vas a llenar tu costal en tres tantos, porque
si no, el dinero no aparecerá.
Y ahí me tienes, compa, que salía yo de mi casa,
llenaba un tanto del costal, a la media hora otro, y a las
meras doce, quedaba bien lleno, tal como me lo dijo
el curandero. Mientras en la casa, mi mujer tenía que
matar una gallina negra cada viernes, para que cenara
mi compadre, porque de ahí agarraba fuerza, eso me
dijo; como queríamos ser ricos, se acabaron las de
mi corral y compré más, pero el dinero no salía: días
sahumando, noches cortando copal, y come y come
gallina negra. Los cajones estaban vacíos. –No te
desesperes, compadre, ya van a salir los billetes, –me
decía–. Cuando pasaron los días y no veía resultados;
cuando ya casi había acabado con los arbolitos de
copal, le dije a mi mujer: –¿qué es lo que hace pues
mi compadre mientras yo voy al cerro? ¿No será
que no reza con devoción y por eso no se ha logrado
el dinerito? –No lo sé, a lo mejor estamos salados.
¿Por qué no se lo preguntas a él? Y le pregunté a mi
compadre, decidido a ya no ir por más copal, porque
2 52 1
