LA PUERTA VEDADA (CUENTOS).pdf


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La puerta vedada

creyó loco y me lanzó la más grande de las piedras.
Ahora, después de caminar por tanto tiempo me
quedé aquí, en este lugar, donde recibo todavía el
atardecer, puedo ver cómo el sol se oculta, cómo
amanece limpia la mañana. Y aquí me quedaré hasta
que alguien decrete que todo lo que sea sonreírle a
la vida es cosa de locos, y me lancen las piedras de
sus calles, que guardarán por siempre, bajo tantos
recuerdos, las huellas de mis pasos.
–¿Quieres acompañarme en esta aventura que no
termina? ¿Por qué no me contestas? Ya te conté mi
historia. Cuéntame ahora la tuya. –El silencio pesado,
la mirada disuelta en el asombro, la voz negándose
a salir, fue la respuesta. El hombre que escuchaba
vio que el reloj del parque daba las doce treinta,
sacó la pequeña grabadora que llevaba escondida,
la desactivó y colocó en el estuche, mientras sonreía
satisfecho. Los periódicos al día siguiente volverían
a circular con noticias frescas. El loco de la ciudad
está vivo.
El pueblo, sumergido en la oscuridad, no pudo ver
el rostro del hombre que reinició el camino, que
abandonó aquel pueblo para siempre, levantando las
piedras de las calles, para no lastimarse.
Durante mucho tiempo, el vagabundo caminó sin
rumbo fijo por la carretera federal.

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