LA PUERTA VEDADA (CUENTOS).pdf


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Clara del Carmen Guillén

paisajes nocturnos, se los llevo, me buscan. Quiero
que sepan que en algún lugar, el agua corre libre fuera
de un edificio fantasía, corre para ellos que no pueden
llegar, pero corre entre la esperanza de los árboles
que a diario manifiestan su deseo de verlos otra vez,
bajo su sombra, jugando divertidos. Yo les llevo el
mensaje.
Por eso me echaron de ese lugar donde vivía tan
cerca de ella, desmenuzaron feroces mis sueños a
su modo; me lanzaron las piedras que aún quedaban
en sus calles absurdas, controladas, gigantes; me
robaron todas las estrellas que llevaba a los niños de
mi barrio; arrebataron mis ideales y los exhibieron
en noticias más que rojas: “¡Loco que pretende
recoger las estrellas para dárselas a los niños, puede
ser peligroso, señora, retire a sus hijos del parque
central, aléjelos de él!, “¡Malviviente que protesta a
gritos por la falta de amor al mar, está causando
desorden en las plazas públicas, si lo ve, denúncielo!”
“¡Loco que pretende recuperar un río que existió
hace años!” gritaban los voceadores para despertar
la curiosidad; entonces a los niños les cubrieron los
ojos para que no me vieran pasar frente a su casa; les
quitaron mi voz; les evitaron asomarse a la ventana.
Lanzaron mis pertenencias a la calle. Lo soporté todo,
porque allí era mi lugar, ahí estaban mis recuerdos y
latía mi corazón al ritmo de sus pasos, al ritmo de su
mirada que dejó de sonreírme, que me abandonó para
siempre con su cambio de rostro. Ella, también me

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