LA PUERTA VEDADA (CUENTOS).pdf


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La puerta vedada

que manifiesta esa rabia por vivir que hoy la condujo
a esa calle a buscar un escape a sus frustraciones. La
única que deja ver la impotencia que ha tenido desde
que un maldito desconocido la violó y el delito quedó
impune por falta de pruebas y testigos. Su mirada,
que parece desconocer el sentido de la suya, se pierde
en las preguntas y en los frascos, collares y esencias;
se pierde en las otras miradas que buscan, revuelven.
Fugaz clientela cotidiana que lo mantiene ocupado.
Su corazón no puede aparentar tranquilidad, late
aceleradamente; ella, inmutable ante su presencia,
compra el collar que “te da tranquilidad si has
sufrido situaciones adversas” lee la etiqueta. Sustrae
del bolso un billete de cien pesos y le paga, rozando
con su mano la mano masculina que tiembla ante el
contacto. No, definitivamente no lo reconoce. Se va,
y el hombre, por primera vez, levanta su mercancía
más temprano. Feliz por saber que no es un asesino;
que la noche que la ultrajó, aquella noche oscura, ella,
la mujer de sus sueños, su gran amor, aún está en este
mundo. Entra a su cuarto y duerme plácidamente,
saboreando aquel cuerpo, volando, como aquel
papalote. Como un niño que recupera el juguete más
amado.

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