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La puerta vedada

Desde la calle
¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios, la luz terrible de la vida...?
Gonzalo Rojas

Terco, esa es la palabra exacta que lo identifica y

lo persigue. Para todos es Manuel, pero en realidad
no sabemos su nombre. Es como una sombra que
llama la atención. Asoma su cara acostumbrada al
sol constante, a la ventana de su pequeña habitación.
Aspira profundamente, se nota que quiere absorber
las primeras humedades. Los rayos del sol matutino,
apenas pueden verse entre la nata que cubre el cielo.
Su sonrisa enajenada nos dice que es feliz de vivir
en la gran ciudad, la gran tumba, la egoísta que
todo se guarda para sí. Una vez aspirado el smog
de la mañana, de llevarse consigo un trozo de su
calle en la garganta, sale a caminar, sosteniendo su
soledad en medio de la avenida. Consigue unirse al
tránsito incansable y se hace un punto, un punto en
la distancia, viéndolo, como ahora, desde su ventana.
Llega puntual, como siempre. Sustrae las semillas,
los frascos con aguas verdes, rojas, lilas, los olores

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