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La puerta vedada
las razones de mamá, pues si pasé mi infancia y no
toqué la puerta por temor pero me transformé en este
adolescente curioso que no se sujetó a las reglas que
regían la casa, ahora ¿qué le diré cuando la encuentre?
Quiero verla, decirle que no estaba equivocada, que
le perdí el miedo a esa puerta que nadie podía tocar
para hacerla trozos de madera, y se abría llevándote
consigo para siempre, según ella, por una razón muy
poderosa; estoy seguro que me entenderá, a todos nos
pasa lo mismo cuando el amor nos llama.
¡Qué tentador es el misterio a mi edad! Empecé a
despertar mi curiosidad una noche en que soñé que
abría la puerta a escondidas de mi madre: una luz
brillante, hermosísima, penetró hasta nuestra casa;
primero vi que Dios me extendió los brazos abiertos
invitándome a ir hasta él; cuando quise tocarlo,
se convirtió en una paloma que se echó a volar
hasta perderse; después, una mujer hermosísima,
indescriptible, me ofreció las delicias de su cuerpo;
me perdí en ella y con ella durante todo el sueño,
realizado en un paraíso parecido al traspatio de mi
casa, en un río más caudaloso que el nuestro.
Después de mi sueño ya no fui el mismo: mi obsesión
por la puerta era frenética, exagerada; pensaba en
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