LA PUERTA VEDADA (CUENTOS).pdf

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Clara del Carmen Guillén
Crecí al lado de mi madre, quien me formó por el
buen camino, me ha dicho qué es bueno y qué es
malo. Ella me ha insistido siempre que no vaya a salir
por esa puerta, que está maldita; –por aquí se fueron
el abuelo, el tío, tu padre, y jamás volvieron. ¿Qué
haría si tú también te vas? –me dice constantemente.
Me preocupa qué hará cuando sepa que la desobedecí.
Estoy seguro que ya descubrió mi ausencia y no sé si
ya se dio cuenta que abrí la puerta que siempre me
prohibió. Ahora que soy un poco mayor me pregunté
¿Qué puede tener de malo abrir una simple puerta de
madera? Y la abrí. De par en par.
Cuando niño esa puerta me daba miedo; suponía que
mi madre guardaba algún secreto detrás de ella, iba al
traspatio, corría por el campo y extrañamente no veía
señal de ella; desde ese punto todo era vegetación
y belleza: enormes árboles formados a propósito en
posición perfecta, se perdían en una larga vereda;
pájaros, flores y agua en abundancia.
Pero hace unas horas, cuando abrí los ojos, la
luz del sol me llegó y me encontré con un camino
interminable, sin agua, sin árboles que no eran un
sueño; no eran una visión de hombre enfermo y
agobiado por el hambre y la sed. Entonces comprendí
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