Guía de estudios 2018 2019.pdf


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Angelina era tímida y reservada, pero cuando se atrevió a contar el caso a dos de sus profesores ellos se mostraron
indiferentes. Todo comenzó cuando un compañero subió a la red una foto muy comprometedora que
supuestamente era de ella. A consecuencia de esto sus compañeros la hostigaban a todas horas en la escuela e
incluso la seguían hasta su casa y pintarrajeaban los muros.
Su comportamiento cambió, sus ciclos de sueño y comida se alteraron, le dolía la cabeza, lloraba todo el día, se
veía ansiosa y ya no confiaba en sus amigos ni iba a sus lugares favoritos. Sus padres no tardaron en notarlo y
cuando la interrogaron, ella tuvo que aguantarse la vergüenza y contarles lo sucedido. Al principio se enojaron
mucho, pero al final le creyeron y la apoyaron. No todos los chicos víctimas del cyberbullying o ciberacoso tienen
la misma suerte.
Una foto cambió su vida
Angelina no lo sabía pero vivió un drama parecido al que se narra en la película Cyberbully, dirigida por Charles
Binamé (el trailer está disponible en: http://www. youtube.com/watch?v=FVBFyYQO2uI). Una amiga le avisó que
una foto suya circulaba en las redes sociales digitales. En esa imagen (que según se supo después estaba
manipulada) Angelina aparecía en ropa interior, tendida sobre una cama junto a un alumno de tercer año. Ella no
tenía pareja y sus papás no le daban permiso de salir sola de su casa, pero el rumor se propagó por toda la escuela
y no hubo forma de contenerlo. Sus compañeros no creían sus explicaciones; la humillaban en las aulas y pasillos
de la escuela, y después empezaron a enviarle mensajes obscenos e insinuaciones por los medios digitales. Para
ellos era sólo un juego, un motivo de diversión.
En la convivencia escolar los estudiantes con frecuencia se hacen bromas pesadas, les ponen apodos a sus
compañeros y reciben con novatadas a los alumnos de nuevo ingreso. ¿Qué distingue la simple broma estudiantil
de un acto de bullying o acoso? Para Eduardo Weiss Horz, del Departamento de Investigaciones Educativas del
Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), hay dos características principales: el hecho de que
la víctima sea más vulnerable que el agresor, y que la conducta hostil se presente en forma repetida; una sola pelea
o un insulto ocasional no se consideran acoso. Milagros Figueroa Campos, catedrática de la Facultad de Psicología
de la UNAM, coincide con esta definición. Para ella el bullying es toda agresión deliberada que un individuo o grupo
ejerce sobre alguien de manera reiterada y sistemática. Esto sucede entre tres tipos de participantes: agresores,
víctimas y espectadores activos o pasivos. Cuando el hostigamiento se extiende a los medios digitales mediante
mensajes de correo electrónico o de teléfono celular, blogs y redes sociales, entonces se considera acoso
cibernético. Aunque el intervalo de edades fluctúa, por lo regular los afectados tienen entre 12 y 19 años.
Ramiro Macías Ortiz, subdirector de Prevención de Delitos a través de Internet de la Secretaría de Seguridad
Pública (SSP) del Distrito Federal, coincide en que el ciberacoso ocurre básicamente entre adolescentes. Esta
situación puede presentarse en escalada, como en el caso de Angelina: el acoso pasa del entorno escolar y social
al digital, o viceversa, lo cual perpetúa el círculo de conductas violentas. El especialista agrega que lo anónimo y
privado de estas agresiones las hace más peligrosas y aumenta el grado de ansiedad de las personas que las
padecen. Según la maestra Figueroa, lo que potencia el efecto del ciberacoso en comparación con el presencial,
es que el agresor ataca encubierto o en el anonimato de manera inmediata y la víctima no tiene escapatoria.
Dos caras de la moneda
¿Es el ciberacoso sólo una extensión del acoso presencial? En su artículo “Acoso escolar en la red”, publicado en la
revista Virtual Educa en 2006, Ángeles Hernández e Isabel Solano, ambas de la Universidad de Murcia, España,
consideran que sí y definen al primero como el empleo de tecnologías de información y comunicación (TIC) para
hostigar con ensañamiento a una víctima.
El investigador español José María Avilés considera que ambas variedades de acoso incluyen los rasgos comunes
del maltrato entre iguales, comparables con las dos caras de la misma moneda. “Son el mismo fenómeno
metamorfoseado”, escribe el académico de la Universidad de Valencia en su artículo “Análisis psicosocial del
cyberbullying, claves para una educación moral”. Avilés considera además que las víctimas de ciberacoso son
mucho más vulnerables ante el agresor: “El medio a través del que se transmiten los ataques facilita su
disponibilidad espacio-temporal. Están localizados siempre a través de su e-mail o buzón de voz. Su sufrimiento
se agranda. Las estrategias de control, evitación o evasión son más limitadas que en el presencial”.
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