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puede imaginar hoy en día una utilización de las biotecnologías que no tenga en cuenta las
condiciones culturales de su aplicación? ¿Se puede concebir una ciencia que se desentienda de
la educación científica o de los cono- cimientos locales? ¿Se puede pensar en una cultura que
descuide la transmisión educativa y las nuevas formas de conocimiento? Como quiera que sea,
la noción de conocimiento es un elemento central de todas esas mutaciones. En nuestros días,
se admite que el conocimiento se ha convertido en objeto de inmensos desafíos económicos,
políticos y culturales, hasta tal punto que las sociedades cuyos contornos empezamos a
vislumbrar bien pueden calificarse de sociedades del conocimiento”.
Según la Unesco: Cap. 1. pág. 30, Ediciones UNESCO, 2005) “(De la Sociedad de la información a las
Sociedades del conocimiento; Un elemento central de las sociedades del conocí- miento es la “capacidad para
identificar, producir, tratar, transformar, difundir y utilizar la información
con vistas a crear y aplicar los conocimientos necesarios para el desarrollo humano. Estas sociedades se basan
en una visión de la sociedad que propicia la autonomía y engloba las nociones de pluralidad, integración,
solidaridad y participación”.1 Tal como la UNESCO puso de relieve en la primera parte de la Cumbre
Mundial sobre la Sociedad de la Información (CMSI),2 la noción de sociedades del conocimiento es más
enriquecedora y promueve más la autonomía que los conceptos de tecnología y capacidad de conexión que a
menudo constituyen un elemento central en los debates sobre la sociedad de la información.3 Las cuestiones
relativas a la tecnología y la capacidad de conexión hacen hincapié en las infraestructuras y la gobernanza del
universo de las redes. Aunque revisten una importancia fundamental evidente, no deberían considerarse
como un fin en sí mismas. En otras palabras, la sociedad mundial de la información sólo cobra sentido si
propicia el desarrollo de sociedades del conocimiento y se asigna como finalidad “ir hacia un desarrollo del
ser humano basado en los derechos de éste””.
Estadísticas según (Cap. 1. pág. 31, Ediciones UNESCO, 2005) “Hoy en día, solamente el 11% de la
población mundial tiene acceso a Internet. El 90% de las personas “conectadas” viven en los
países industrializados: 30% en América del Norte, 30% en Europa y 30% en Asia y el Pacífico.12
Estas estadísticas sitúan de entrada, en su verdadero contexto, la repercusión de la revolución
de las nuevas tecnologías en el mundo. En efecto, se suele hablar de sociedad mundial de la
información y de “red extendida por todo el mundo” (world wide web). pero en realidad sólo un
10% de las conexiones con Internet del planeta provienen del 82% de la población mundial.16
Esta “brecha digital” es ante todo un problema de acceso a las infraestructuras. A este respecto,
conviene recordar que 2.000 millones de seres humanos no disponen de corriente eléctrica, que
por el momento es la condición básica del acceso masivo a las nuevas tecnologías”.
Capítulo VIII
Autoconocimiento: La des responsabilizarían del sujeto ante su proceso de formación
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