El Cid Campeador Simplemente Rodrigo 5C.pdf


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ausencia.
—Príncipe Sancho, puedes quedarte todo el tiempo que consideres. Esta
es la casa de mi hijo y, viendo vuestra relación, también la tuya —la
arrugada cara de mi madre esboza una bonita sonrisa.
—Gracias, pero tengo asuntos que tratar. Así que no me demoraré nada
más que lo justo. También tengo que organizar mi nueva casa. Ya le contará
Rodrigo los pormenores, voy a fijar mi residencia en el castillo de Burgos.
Así que ya sabéis donde tenéis vuestra casa. Siempre seréis bienvenidos.
Pasamos una velada muy agradable. Mi madre, que se sienta a mi lado,
no para de abrazarme, cogerme la mano, apretarme. Parece que no
terminaba de creerse que está su hijo de vuelta en casa.
—Bueno, Rodrigo, ya parto para Burgos. Ya sabes que cuento contigo
para que pertenezcas a mi consejo. De momento, sigo ligado a lo que dicte
mi padre, pero en algún momento seré yo el que tenga que tomar decisiones
en el reino y siempre será bienvenida la palabra de un buen amigo.
—No te preocupes, Sancho. Estaré contigo a menudo y, en cualquier
caso, siempre que me hagas llamar. Por cierto, hay buenas zonas de caza
por la zona, así que ya sabes, cuando quieras, podemos preparar una cacería
por aquí.
Nos fundimos en un cálido y amistoso abrazo. El príncipe sube a su
caballo y tanto mi madre como yo les vemos partir. Sancho se gira y hace
un gesto de adiós con la mano. Los chiquillos corren detrás de ellos hasta
que salen de Vivar. No todos los días visita alguien de la familia real la
localidad.
Los días siguientes los paso viendo las tierras, los molinos y casas que
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