El Cid Campeador Simplemente Rodrigo 5C.pdf

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me dejó mi padre y que, con tan buen hacer, ha estado administrando mi
madre. También hablo con las gentes del lugar. A muchos de ellos les
recordaba de mi infancia y a otros no sólo les recuerdo, sino que nos
fundimos en abrazos y risas. Esos niños con los que jugaba a la guerra
empuñando palos a modo de espada eran hombres y ahora trabajan en mis
tierras. ¡Qué tiempos aquellos!
Pasaron los días y los meses. Todos me dicen que mi madre ha
rejuvenecido. Se pasea de un lado para otro y no para de cantar. Se la ve
feliz y yo no quepo en mí al saber que, en cierta medida, soy yo el causante
de esa felicidad. Es una pena que no pudiese tener más hijos. Por lo que me
contaron, siendo yo muy pequeño, mi madre quedó embarazada y no tuvo
buen parto. El hijo que salió de sus entrañas estaba muerto y, debido a los
daños producidos, ella ya no podría quedarse embarazada. Mi padre
siempre la quiso y siempre le quitaba importancia al hecho de no poder
tener más hijos, aunque yo sé que a él le hubiese gustado ampliar la familia.
Yo voy al castillo, en Burgos, muy frecuentemente para estar con
Sancho. Hablamos y seguimos con nuestros entrenamientos en el patio de
armas. En ocasiones, salimos a cabalgar por los alrededores y disfrutar de
los bonitos paisajes de la zona.
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